Actividad humana acelera extinción de especies y disminuye la naturaleza a tasas sin precedentes

Ciencia, Conservación  /   /  Por Redacción Son Playas

Tres cuartas partes de la superficie terrestre y dos terceras de los océanos han sido impactados por la actividad humana.

La Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios del Ecosistema (IPBES), integrada por 145 expertos de 50 países, entre ellos científicos de la UNAM, ha concluido en un primer reporte que más de 300 toneladas de metales pesados, sustancias tóxicas y desechos agrícolas e industriales están llegando a los mares causando así 400 zonas muertas.

El dato es escalofriante, pero sus consecuencias son peores: al menos un millón de especies están en peligro de extinción; tres cuartas partes de la superficie terrestre y dos terceras de los océanos han sido impactados por la actividad humana.

Tres cuartas partes de la superficie terrestre ha sido impactada por la actividad humana.

Se trata de un informe histórico del IPBES, donde además se advierte que en la actualidad se registra diez veces más contaminación por plásticos desde 1980, con lo cual —revela una publicación de la UNAM— se evidencia que el soporte de la naturaleza que sostiene nuestra economía, seguridad alimentaria, salud y calidad de vida, está en deterioro.

“La naturaleza disminuye a tasas sin precedentes en la historia de la humanidad, y la extinción de especies se acelera, por lo que son probables graves impactos en la humanidad”, señala el reporte.

Los factores más trascendentes en esta situación son el incremento de la población mundial y el aumento de la producción agrícola, según la primera evaluación global del estado de la naturaleza y sus consecuencias para la sociedad del IPBES, misma que fue preparada por estos 145 expertos durante los últimos tres años, basados en 15 mil fuentes científicas y gubernamentales.

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La naturaleza sostiene nuestra economía, seguridad alimentaria, salud y calidad de vida.

No es demasiado tarde

Aunque esta situación suena fatalista, se estima que no es demasiado tarde para revertir estas tendencias, para lo cual es indispensable una transformación profunda, una reorganización sistémica que abarque factores tecnológicos, económicos y sociales, así como un cambio en los valores, visiones y paradigmas.

Pero, de seguir con los patrones actuales, no será posible cumplir con los objetivos Aichi sobre conservación de la biodiversidad para el 2020, ni la mayoría de los Objetivos de Desarrollo Sustentable para el 2030.

Factores del deterioro

Un factor importante que contribuye al deterioro de la naturaleza es el incremento en la producción agrícola: tres veces desde 1970.

Por otra parte, el 23 por ciento de los suelos del planeta están degradados, lo que reduce y amenaza la producción de alimentos en el futuro.

Los bosques tropicales pierden terreno ante actividades agropecuarias.

Entre 1980 y 2000, el 50 por ciento de la expansión agrícola fue a costa de los bosques tropicales que albergan la mayor biodiversidad, siendo los impulsores más importantes de estos cambios la expansión pecuaria en América Latina y la producción de Palma de Aceite en Asia.

Otro elemento es el aumento de la población a nivel global: en los últimos 50 años, la cantidad de personas que habitan el planeta ha crecido al doble; en consecuencia, la economía global ha aumentado cuatro veces y el valor del comercio internacional 10 veces, de tal manera que ahora se extraen más materiales de la naturaleza que nunca antes.

El ataque a los mares

El plástico contamina a los mares y daña a la fauna marina.

La cantidad de plástico que se desecha a los mares ha aumentado 10 veces desde 1980. Más de 300 toneladas de metales pesados, sustancias tóxicas, desechos agrícolas e industriales llegan cada año a los mares, causando al menos 400 zonas muertas en áreas costeras, aquellas en las que no pueden vivir los organismos, cubriendo un superficie al menos del tamaño de Gran Bretaña.

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Mantener vivo al planeta

Algunos de los grupos más vulnerables son los indígenas y las comunidades rurales locales, cuyos conocimientos y medios de vida están estrechamente ligados a la naturaleza y cambian rápidamente. Mientras tanto, unos cuantos actores controlan grandes capitales, con impactos enormes sobre actividades como la agricultura, las pesquerías o la minería.

Los grupos más vulnerables ante la degradación ambiental son los indígenas.

La degradación de la naturaleza, junto con estas inequidades, contribuyen a los más de 2,500 conflictos ambientales registrados en este momento en el planeta.

Los 132 países miembros están conscientes de que estas transformaciones no serán sencillas y enfrentarán oposiciones de quienes se benefician del status quo, pero es necesaria esta oposición para lograr mantener la vida en el planeta.

Con información de la DGCS de la UNAM.

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