Cronología del sur de Sinaloa en la época prehispánica

Comunidad, Opinión  /   /  Por Alfonso Grave Tirado

Desde hace 1,500 años se habita el sur de Sinaloa y se explotan toda clase de recursos; los vestigios arqueológicos han permitido establecer una secuencia cronológica de los diferentes periodos y fases de la época prehispánica.

En la búsqueda por conocer a las sociedades del pasado a través de sus restos materiales, la arqueología parte de tres cuestionamientos básicos: ¿cuándo?, ¿quiénes? ¿cómo? Es decir, ¿cuándo ocurrió?, ¿quiénes habitaban el espacio donde sucedió?, ¿cómo vivían y se organizaban?, ¿cómo morían?

El cuándo es quizá la pregunta que más despierta interés. Cuando se informa sobre sucesos ocurridos hace cientos o miles de años, rápidamente recibe nuestra atención. Mientras más viejo, más interesante. A los seres humanos siempre nos ha fascinado lo ocurrido hace mucho tiempo y/o en lugares lejanos. Casi todos los mitos suceden en el “allá y entonces”, en contraposición al “aquí y ahora”.

Todavía el “érase una vez en un remoto país”, sigue siendo una entrada clave para muchas de las historias que más nos gusta oír, leer, y sobre todo, desde hace 124 años, ver (el cine como narrador de historias inició el 28 de diciembre de 1895).

Identificar el periodo

En arqueología se pueden establecer cronologías relativas y cronologías absolutas. La primera consiste en distinguir que algo es más antiguo que otra cosa y se apoya en la estratigrafía, esto es, el estudio de la manera en que las rocas y sedimentos yacen en estratos o capas sucesivas. El principio estratigráfico establece que las capas más profundas son más antiguas que las superficiales; por tanto, los materiales que se encuentren en los estratos inferiores serán anteriores a los de las capas superiores.

Pero algunos de estos materiales como el carbón, la madera, los huesos, los tepalcates e incluso algunas estructuras como hornos y fogones son susceptibles de ser fechados de forma absoluta; es decir, se puede determinar, con cierta precisión, el año –con un margen pequeño de error, si acaso de unos pocos años- en que las plantas y animales murieron.

Esto es posible a través de la medición del isotopo de carbono, conocido como Carbono 14. Aquí una explicación simple: al morir, los seres orgánicos perdemos el carbono de forma constante, a razón de la mitad cada 5,700 años; al medir la cantidad que todavía contiene el hueso o la madera, se conoce el tiempo en que murió.

También se puede determinar el tiempo en el que las vasijas de cerámica fueron cocidas o los hornos fueron usados por última vez por medio del paleomagnetismo, esto es, se establece dónde estaba el campo magnético de la tierra en ese momento y se determina la antigüedad.

Hay otros métodos, pero estos son los más usados en México y son los que hemos aplicado en el caso específico del sur de Sinaloa. De esta manera, con los materiales datados en una cierta capa, podemos establecer el periodo en que fueron usados el resto de los artefactos, ecodatos y estructuras que se encuentren en ella.

Clasificación

Generalmente, algunos de los materiales de un estrato son distintos de los de las otras capas; lo que ocurre con mayor frecuencia en la cerámica de uso ritual o ceremonial; en la cual, las formas, los colores y los diseños decorativos cambiaban mucho más rápido que los materiales utilitarios o el diseño arquitectónico de las casas y otros edificios.

A las distintas clases de cerámica o formas de los instrumentos, los arqueólogos les llamamos tipo. Si un tipo determinado solo se encuentra en uno o dos estratos, y si éste ya ha sido datado, lo establecemos como indicador o diagnóstico de un periodo o fase cultural (cuyo nombre se le otorga generalmente derivado del primer sitio o zona donde fue identificada). Si luego este tipo lo identificamos en otro sitio arqueológico podemos fechar a éste o el estrato en que lo hallamos, sin necesidad de recurrir de nuevo a métodos de datación absoluta, los cuales, dicho sea de paso, son bastante caros.

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Tabla con las secuencias cronológicas propuestas para el sur de Sinaloa.

Cronología del sur de Sinaloa

A través del registro de más de 500 sitios arqueológicos prehispánicos, la excavación de más de 20 de éstos y el fechamiento por Carbono 14 y/o paleomagnetismo de casi 50 muestras, hemos podido establecer la cronología del sur de Sinaloa; región que aquí consideramos solo entre el río Quelite y el río Las Cañas, la zona en la que he realizado la mayor parte de mis investigaciones en los últimos 20 años.

Se ha planteado la posibilidad de que El Calón, un edificio monumental erigido completamente con conchas de molusco, fue construido entre el 2,300 y el 1700 antes de Cristo (en lo sucesivo a. C.); esto apoyado en la datación por Carbono 14 de seis conchas.

No obstante, con base en el patrón observado en el resto de la ocupación del sur de Sinaloa, yo considero que se construyó entre el 500 y el 750 después de Cristo (en lo sucesivo d.C.), y son las conchas con que fue construido las que son más antiguas; sin embargo, éstas al parecer fueron recolectadas de un conchero natural. Pero a El Calón lo abordaremos en particular en una colaboración futura.

Hasta ahora, la ocupación permanente más temprana la hemos ubicado a orillas de los ríos Baluarte y Presidio, a la que dimos por nombre fase La Chicura y corresponde al periodo que va del 100 a. C. al 250 d.C.

Dado que estos materiales solo se encuentran a través de excavaciones, únicamente la hemos identificado con claridad en dos sitios: Loma de Ramírez, en el río Baluarte y La Chicura en el río Presidio; no obstante, pudimos determinar que los vestigios corresponden a grupos de agricultores que se asentaron precisamente en las zonas más aptas para el cultivo.

Al periodo que va del 250 al 500 d.C., le llamamos en la región Fase Tierra del Padre. Materiales diagnósticos de ella se han reportado también en las orillas de los ríos arriba mencionados, así como en las márgenes del río Quelite y en la zona cercana a las marismas de Escuinapa, en particular en el sitio Juana Gómez; pero igualmente son pocos los lugares.

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Tipo “Chametla policromo medio”, uno de los indicadores de la ocupación entre el 500 y el 750 d.C.

Sin embargo, para la siguiente fase (Baluarte, entre 500 y 750 d.C.) es claro que se encuentran ocupadas prácticamente todas las zonas del sur de Sinaloa, incluyendo las áreas entre ríos, donde hemos registrado una gran cantidad de caseríos pequeños.

Una aparente excepción son los esteros sobre los que ahora está la ciudad de Mazatlán, ya que su ocupación primera se da hasta la siguiente fase. Como sea, desde hace 1,500 años se habita intensa y extensamente el sur de Sinaloa y se explotan toda clase de recursos.

A esta misma época corresponde la erección de los primeros edificios ceremoniales en Juana Gómez, El Calón, Chametla, El Walamo y El Gachupín (río Quelite).

Horizonte Aztatlán

Este proceso se acentúa en las dos siguientes fases: Lolandis (750-900 d.C.) y Acaponeta (900-1100/1200 d.C.), que forman parte del llamado Horizonte Aztatlán, cuando se observa un desarrollo económico, político y religioso importante, que se manifiesta en el surgimiento de verdaderas capitales de zona; esto es, asentameintos arqueológicos que se extienden por más de 70 hectáreas, con basamentos piramidales de tierra de más de 10 metros de altura, posibles complejos tipo “palacio” y canchas para el juego de pelota.

Hasta ahora, hemos identificado tres de éstos: Chametla en el río Baluarte y El Walamo y la Limonera en el río Presidio. En ellos, además se han recuperado materiales arqueológicos de extrema calidad y algunos materiales foráneos, lo que nos indica que participaban activamente de las redes de intercambio del occidente de México.

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Vasija expuesta en el Museo Arqueológico de Mazatlán. Un ejemplo de la alta calidad de los materiales elaborados en el sur de Sinaloa en el Horizonte Aztatlán.

Esta situación se mantiene en la última etapa de ocupación prehispánica, conocida en la región como fases El Taste (1100/1200-1300 d.C.) y Mazatlán (1300-1531 d.C.).

Los relatos de los conquistadores son claros en que desde su entrada a territorio hoy sinaloense todo estaba “hasta la mar poblado” e identifican tres capitales de “provincias”: Chametla, Quezala y Colipa, que se ubican exactamente donde están los sitios arqueológicos más grandes. Además, identifican otras dos zonas políticamente autónomas: la sierra de Xicara, en la zona del piedemonte entre los ríos Baluarte y Presidio y Los Frijoles en la cuenca del río Quelite.

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2 Comments
 
  1. Luis 15 enero, 2020 at 6:00 pm Responder

    Excelente!

    • Redacción Son Playas 17 enero, 2020 at 4:41 pm Responder

      Saludos

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