El mar de Mazatlán en la obra de Enrique González Martínez

Comunidad, Opinión  /   /  Por Luis Antonio Martínez Peña
Playas de Mazatlán
Atardecer en Mazatlán. Foto: Son Playas

Enrique González Martínez, sin duda el poeta más importante de México en toda la primera mitad del siglo XX, vivió más de veinte años en Sinaloa.

Nació en la ciudad de Guadalajara en 1871 y recién graduado de médico se vino a radicar a Sinaloa. Llegó a Mazatlán en 1895 acompañado de sus padres; vivió en Culiacán, en Las Villas de El Fuerte y en Mocorito, donde finalmente estableció su hogar y formó una familia con la Sra. Luisa Rojo.

Su familia y profesión absorbían gran parte de su tiempo. A lomo de caballo acudía a atender a sus pacientes de una comunidad a otra; sin embargo, en el joven médico bullía una inclinación  literaria fecunda y lo visitaban frecuentemente las musas.

Poemas sobre el mar
Enrique González Martínez (1871-1955). Su cuerpo yace en la rotonda de las personas ilustres.

Ávido lector de poesía francesa e hispana, González Martínez también se vio influido por el norteamericano Edgar Alan Poe, Manuel Gutiérrez Nájera, Rubén Darío y Amado Nervo, estos tres últimos,  pilares latinoamericanos del modernismo poético de  fin de siglo XIX; así es como empieza a dar pasos importantes en la creación literaria.

Fue colaborador de El Correo de la Tarde y en los suplementos culturales de este vespertino se hizo presente con su poesía; también en compañía de Julio G. Arce y otros poetas sinaloenses, entre 1897 y 1899, participó en la revista Bohemia Sinaloense y finalmente, en 1907, fundó su revista Arte en compañía del poeta Sixto Osuna y el editor José Sabas de la Mora.

Primer producción literaria

Su primer libro de poesía Preludios fue una aventura editorial personal impresa en los talleres de la imprenta Retes de Mazatlán. Por el costo de un peso con cincuenta centavos el lector podía comprar este poemario en la librería de Miguel Retes ubicada en la esquina de Carnaval y Constitución.

El mar, el cielo y los campos de Sinaloa serán la influencia de paisaje y temas para su obra poética. Pero lo más importante es que el Dr. Enrique González Martínez plasma en sus memorias bellas imágenes e impresiones fascinantes de su contacto con Mazatlán, su gente y su mar.

Carrera política

Quiero de paso detallar que el Dr. González Martínez fue una prominente figura política al final del Porfiriato en Sinaloa.

Fue prefecto o jefe político de varios distritos, entre ellos El Fuerte, Mocorito y  Mazatlán. En este último caso, encabezó las celebraciones de los festejos del Centenario de la Independencia en 1910 e inauguró obras del Paseo Centenario y del Paseo Clausen, espacios en los que se habían construido caminos y terrazas que aprovechaban las salientes rocosas como excelentes miradores o glorietas para contemplar el mar; obras que para deleite de los mazatlecos y turistas aún existen.  

Al final del Porfiriato fue Secretario General de Gobierno del Sr. Gobernador Diego Redo de la Vega, pero tras el triunfo de la revolución maderista de 1911 ambos tuvieron que retirarse de Sinaloa porque sus vidas corrían peligro. Diego Redo se va al extranjero y el Dr. Enrique González Martínez radica en la ciudad de México donde ejercerá una agresiva labor editorial y  política en contra del gobierno de Francisco I. Madero.

La influencia del paisaje marino

Pero el tema que estamos tratando es el de la presencia del mar de Mazatlán en la obra del médico poeta. Tenemos que adentrarnos en su prosa y fundamentalmente en sus memorias para enterarnos de su viaje en diligencia de Guadalajara a Tepic y posteriormente a Mazatlán.

Al llegar a Mazatlán no terminaban de haberse instalado en el Hotel Central cuando el joven médico de 24 años corre en dirección de Olas Altas para ir a contemplar extasiado el maravilloso paisaje marino que se le ofrecía a la vista.

El contacto directo e impactante con aquella enorme “lagrima azul”, quedó plasmado en sus memorias tituladas El Hombre del Búho. Dijo: “yo que apenas conocía el lago de Chapala y se me hacía enorme, un plácido lago que le sonríe desde lejos a mi ciudad: Guadalajara, ‘un pequeño mar civilizado’. Pero aquí, en esta pequeña población llamada Mazatlán y puerto de activa vida mercantil; de ir y venir de buques y desembarco de mercaderías exóticas, provenientes de Europa y del lejano Oriente, estaba al acecho un enorme océano, aquella gran lágrima azul”.

Las palabras del poeta

Mejor citemos para disfrutar y no perder en aventurera interpretación la bella prosa del poeta:

“Aventura y destino me habrían de empujar más tarde a saciar la locura de mis sueños. Crucé las mismas aguas que violaron un día las naves conquistadoras; vi el mar encadenado en las esclusas de Panamá por la mano del hombre, que rasgó la tierra y enlazó audazmente dos océanos  que no habían confundido nunca la amargura de sus ondas; surqué mares de Chile, helados y tempestuosos; vi mi barco en riesgo de perderse, y saboreé el goce inefable de poder ser engullido por la misteriosa perfidia de los elementos en cólera ; allá mismo, bajo el amparo luminoso de la Cruz del Sur, vi el mar en canales tranquilos, entre cordilleras con volcanes de nieve, cuyas faldas, tapizadas de helecho gigantes, no conocen las flores ni los pájaros; me embriagué luego en la pompa de colores de Río de Janeiro, donde los ojos se fatigan a fuerza de asombrarse… Después mares de España, mares de Francia, la Costa Azul y el golfo de Nápoles, con su eterno centinela humeante y poblado de memorias y leyendas. Pero el mar cuando lo evoco, es el mar de Mazatlán, el de las olas bravas, el de las rompientes rumorosas, el de los escollos empenachados de espumas, el mar en libertad, sin trabas, presidido por la verdura de los cerros y la luz piadosa de sus faros; el mar de iniciación, el primer mar.”

Enrique González Martínez

Comentarios finales sobre Enrique González Martínez

Pero aun a fuerza de quedar embelesado con el mar primigenio, Enrique González Martínez fue el primero en enfáticamente señalar el poco afecto que los hombres de negocios y figuras prominentes del puerto tenían por la cultura. En cambio su amistad con Sixto Osuna y con Esteban Flores, hombres de trascendencia cultural y literaria sería entrañable, un trato de camaradas por encima de todo.

Por hoy nos quedamos con las imágenes del mar en libertad, el primer mar de Enrique González Martínez. El mar de Mazatlán.

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3 Comments
 
  1. Guadalupe Vázquez 8 diciembre, 2019 at 5:50 pm Responder

    Hermoso artículo que me impulsa a buscar su lectura, gracias.

    • Redacción Son Playas 8 diciembre, 2019 at 9:12 pm Responder

      Gracias por leernos Guadalupe. Saludos.

  2. Luis Antonio Martínez Peña 8 diciembre, 2019 at 10:20 pm Responder

    Gracias Guadalupe es un placer llegar al gusto del público.

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