El Rayo Verde y la obra poética de Amado Nervo

Comunidad, Opinión, Playas  /   /  Por Redacción Son Playas

Por Luis Antonio Martínez Peña

El Rayo Verde. Foto: Rafael Narval

En “Apuntes para un libro que no escribiré nunca” el poeta Amado Nervo consigna una de las más bellas tradiciones mazatlecas, generadas por un rarísimo fenómeno óptico que se presenta al atardecer en la atmósfera  del amplio horizonte marino de Mazatlán: la del Rayo Verde.

Amado Nervo tuvo una estancia de dos años en Mazatlán (1892-1894)  trabajando como periodista y redactor de crónicas en El Correo de la Tarde. Uno de sus placeres enormes como ser humano y poeta fue la contemplación extática del paisaje marino mazatleco. 

El Rayo Verde es un fenómeno óptico que dura de uno a dos segundos. Foto: Son Playas.
Amado Nervo

En Mazatlán   Se asegura que en los atardeceres del verano, cuando en el ocaso, el reflejo de los rayos del Sol cayendo en poniente  pintan  a la mar de dorado u amarillo y al momento en que termina de ocultarse el Sol, se despliega fugaz un rayo de color verde en la línea del horizonte,  se dice que quien lo vea gozará de una vida  venturosa.

Así muchos mazatlecos y visitantes hemos contemplado el atardecer, en espera de que se presente  Rayo Verde y venga cargado de buena ventura;  y esta esperanza se transmite generacionalmente y se invita a los visitantes a la contemplación del atardecer en Olas Altas o desde la Playa Norte como escenarios perfectos para  reposar de los trajines del diario vivir y echar a volar la imaginación alimentando la inspiración poética y romanticismo en espera de un prodigio natural.

Amado Nervo admiró los atardeceres de Mazatlán.
Foto: Anaís Schuette.

Sobre el Rayo Verde, Amado Nervo escribió:

“Yo he visto el rayo verde que trae ventura. Lo vimos en una playa mazatleca mi hermano y yo, una tarde de julio.”

El paisaje marino ejerció en Nervo una poderosa y mágica influencia, pues muchos de sus poemas están impregnados de imagen y sabor marino. El rumor de la mar, a veces triste como lamento, o feroz bramido de tempestad que abruma nuestra existencia, o suave y feliz vaivén de olas que vienen dóciles a la orilla: el mar como llanura, el mar de colores, cerúleo en su intensidad y ambarino al atardecer por los reflejos del sol en agonía o bañado en lujosos reflejos de plata en las noches de luna.

últimos rayos de luz dan contorno a la Isla Venados. Foto: Giovani Arrieta.

Es obvio que cuando Amado Nervo escribe poesía y se refiere al mar, la suya sea esa referencia al mar primordial e inmenso de Mazatlán.

Estamos en julio y al atardecer  hay que ir  al malecón y al observar el horizonte a la hora crepuscular; quizás tengamos la ventura de contemplar el Rayo Verde de Mazatlán como Nervo y su hermano Luis lo contemplaron en julio de 1893; o simplemente tengamos un momento de relax y sensación de bienestar en el alma, necesarios para dormir en paz.

El paisaje marino ejerció en Nervo una poderosa influencia.
Foto: Giovani Arrieta.

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