Isla Venados posee naturaleza y vestigios que pocos conocen y cuidan

Conservación, Playas, Reportajes  /   /  Por Raquel Zapien
Aspecto de Isla Venados. Foto: Christian Lizárraga.

Su playa, vegetación y petrograbados nos dicen que debemos cuidarlos para que sigan estando ahí.

La Isla Venados tiene dos caras. Frente a la bahía de Mazatlán, una pequeña y apacible playa, y atrás, acantilados que reciben los golpes de las olas del océano Pacífico.

Escalar su superficie rocosa, sentir el sol, el viento y la inmensidad del mar, es solo el principio de una aventura, que al final, se convierte en una lección de educación ambiental.

Después de llegar a la cima, a 178 metros de altura, ya nada es igual; la percepción de quien se atreve a conocer la ínsula de cerca cambia.

Al inicio del verano, las flores blancas de la plumería forman manchones que resaltan entre el bosque espinoso, matorrales y pastizales, que con las primeras lluvias se han tornado verdes.

Salvador Herrera, conocido fotógrafo ambientalista, guía los pasos del grupo. Él sabe en dónde pisar y por dónde pasan las corrientes de aire; en este punto  todos se detienen, se refrescan y toman agua. Luego siguen el camino.

Turismo sustentable

La primera indicación de Salvador es que la flora y fauna del lugar debe respetarse; nada se toca, el estado natural no se debe perturbar, solo admirar.

Nadie deja basura, ni siquiera orgánica; por eso las cáscaras y semillas de las frutas que se consumen como energéticos durante el trayecto se guardan en las bolsas y mochilas de quienes le acompañan.

Sobre la marcha, los visitantes se enteran que el terreno que los sostiene está constituido por roca volcánica  y que las islas Pájaros y Lobos, ubicadas al lado norte y sur, son, junto con la Venados, hábitat de pelícanos, gaviotas, halcones peregrinos, fragatas, ostreros y garzas, entre otras especies de aves migratorias.

Hay que pararse de vez en cuando para agarrar fuerza y descubrir cómo cambia el paisaje conforme se gana altura. Desde arriba, el agua de la playa luce verde esmeralda y azul turquesa.

Entonces, Salvador, quien da servicio de guía con autorización de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), comparte una dosis de historia: las islas del Golfo de California, entre las que se incluyen las de Mazatlán, fueron declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad el 15 de julio de 2005.

Sin embargo, su importancia biológica ya se había reconocido por el gobierno de México al decretarlas área natural protegida en 1978.

Vista aérea de Isla venados. Al fondo, la bahía de Mazatlán. Foto: Christian Lizárraga.

La cima

Se debe tener buena condición física, un incuestionable respeto por la naturaleza y un guía especializado para seguir avanzando porque el sendero de pendientes pronunciadas y piedras es peligroso.

Desde el pico se observa toda la bahía de Mazatlán, su malecón y sus playas. De aquí se aprecian mejor los cambios de la fisonomía urbana con la construcción de torres que poco a poco se convierten en enormes barreras.

Pero la isla guarda algo más para quienes tienen la osadía de no detenerse.

Vista insular posterior de Lobos y Venados. Foto: Son Playas.

La cueva

Con la vista hacia el Pacífico, el grupo continúa avanzando. Al bajar la mirada, sobre acantilados y farallones, el cuerpo se empequeñece.

Hay que usar arnés, mosquetones y una soga para descender un tramo rocoso que conduce a la cueva en donde los murciélagos descansan.

Es impresionante.

Afuera, el océano; adentro, los sonidos del mar.

Interior de la cueva de Isla Venados. Foto: Son Playas

En las enormes losas de roca que forman la caverna se aprecian petrograbados de los que no se encontró documentación oficial. Sin embargo, las figuras talladas son un indicio de que este lugar fue visitado por humanos hace miles de años, señala el guía.

El objetivo de la visita fue conocer de cerca lo que podríamos perder si no se cuida, pues por desgracia, este sitio ya ha sido vandalizado y dañado con grafiti. Salvador y otros ambientalistas se han dado a la tarea de restaurarlo.

Poca información

En 2015, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), emitió un comunicado en el que se reconoce que las  244 islas y áreas protegidas del Golfo de California son un laboratorio natural para investigar la evolución de las especies. Pero no solo eso, pues algunas de ellas conservan rastros intactos de los primeros pobladores de México.

Hasta entonces, la zona más estudiada era el conjunto insular Espíritu Santo, localizada  frente a las costas de la bahía de La Paz, en Baja California Sur. Ahí se registraron 127 sitios arqueológicos con vestigios de vida humana de hasta 12,000 años de antigüedad.

Lo inesperado

En la entrada de la cueva, y arriba de la misma, hay otras cavidades de menor tamaño, a las que se ingresa escalando piedras o abriendo camino con codos y rodillas, a ras del suelo.

Por un instante, Ulises Balam, compositor de música prehispánica, usó su voz, caracoles, flautas, ocarinas y capullos de mariposa para conectarse con la naturaleza. Después nadie habló.

Entonces las palabras de Salvador toman sentido: la isla debe conservarse por su valor biocultural.

Cavidades. Foto: Son Playas.

Ecoturismo

Desde el 2001, Isla Venados cuenta con un plan de manejo, sin embargo, las visitas y actividades turísticas parecen no tener control. En Internet se ofrecen paseos que incluyen transportación y alimentos, buceo en la zona de arrecifes y otras actividades acuáticas.

Cualquier persona puede trasladarse en lancha y pasar el día; pero no todos respetan el reglamento de la reserva natural.

La basura y el fecalismo al aire libre son una constante. La falta de vigilancia quedó demostrada el pasado sábado 27 de julio, cuando particulares realizaron un festejo en el área de playa, dejando desechos, alimentos y mobiliario en el lugar. 

Los visitantes dejan basura en la reserva. Foto archivo.

En nuestro país, las reservas naturales no están cerradas a la actividad turística siempre y cuando se realice de forma sustentable, tal es el caso del ecoturismo, que además de ofrecer experiencias únicas al visitante, genera empleos y derrama económica en las localidades.

Por el contrario, los modelos de turismo expansivo generan la degradación de ecosistemas con el cambio de uso de suelo en manglares, dunas, bosques o selvas para la construcción de infraestructura.

El Marco Estratégico de Turismo Sustentable en Áreas Naturales Protegidas de México, publicado en marzo de 2018, reconoce que al ejercer mayor presión en entornos costeros, también se afecta a los arrecifes coralinos por el uso de embarcaciones, anclas y malas prácticas de actividades acuáticas recreativas, entre otras.

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Adiós isla

Llegó un momento en que los celulares y las cámaras quedaron de lado; los sentidos se concentraron en el entorno marino de las islas Pájaros, Venados y Lobos para grabar en la memoria su estampa y sus sonidos.

Luego vino el descenso; poco a poco, el grupo esquivó las piedras suelas para evitar caídas en las pendientes pronunciadas, y al llegar a la playa, un pescador esperaba en su lancha.

Atrás fueron quedando las tres islas, tal y como las conocemos, coronando la bahía de Mazatlán, como guardianes protectores que nos liberan de las corrientes del mar abierto y resguardan los nidos de las aves.

De nosotros depende que esos ecosistemas se conserven.

Foto: Ulises Balam,

Datos

  • Superficie aproximada de 54 hectáreas.
  • Longitud aproximada de 1.8 kilómetros y un ancho que varía de 250 a 700 metros.
  • La altura media es de 150 metros y en la parte noreste presenta un pico de 178 metros que resalta sobre su topografía.
  • El terreno de la isla está constituido por roca volcánica, antiguos aluviones y pie de monte.
  • La vegetación dominante en esta localidad corresponde al bosque espinoso.
  • La flora vascular (superior) está representada por 48 familias, 111 géneros y 126 especies.

Fuente:

Flora de Isla Venados, bahía de Mazatlán, Sinaloa, México. Luis Miguel Flores Campaña, Rito Vega Aviña, Daniel Benítez Pardo, Faustino Hernández Álvarez.

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One Comment
 
  1. Fco Javier Ochoa Loza 14 agosto, 2019 at 4:00 pm Responder

    Muy bonito reportaje que da a conocer la riqueza biologica de estas islas frente a Mazatlan, que invita a su conservacion, proteccion y uso sustentable, como queda demostrado. Felicidades.

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