Hasta un millón de toneladas de artes de pesca son abandonadas cada año en el mar. Conservacionistas piden que se cree un tratado global para detener la contaminación marina por estos materiales.

Por Michelle Carrere / 28 octubre 2020

La contaminación por basura, principalmente plástica, es uno de los grandes problemas que afecta hoy a los ecosistemas marinos. Cada año se vierten en los mares del mundo alrededor de 11 millones de toneladas de plástico.

De ese total, “se estima que al menos el 10 % se compone de los residuos de la pesca, lo que significa que entre 500 mil y 1 millón de toneladas de artes de pesca están probablemente entrando en el océano cada año”, dice un informe de la organización ambiental WWF que reúne información de diversos estudios científicos publicados y reportes oficiales de la Organización de las Naciones Unidas de la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Los aparejos de pesca que son abandonados accidental o intencionalmente en el mar son conocidos como redes fantasma, ya que continúan generando un impacto en la fauna marina —algunas durante décadas— aunque nadie las recoja. “Son los desechos plásticos más perjudiciales para los animales marinos”, considerando que a nivel mundial “el 66 % de los mamíferos marinos, el 50 % de las aves marinas y 100 % de las especies de tortugas marinas se han visto afectados por ellas”, señala el documento. Este indica también que algunos de los equipos de pesca perdidos incluso “destruyen corales, arrasan con los animales y los arrancan de sus hábitats, dañan la vegetación, acumulan sedimentos y bloquean e impiden el acceso hacia hábitats específicos”.

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Redes fantasma en el lecho marino. Foto: Foto: Aqua Images – Shutterstock.com

La recolección y reciclaje de las redes de pesca en desuso son algunas de las medidas que los conservacionistas impulsan como parte de un plan más amplio y ambicioso: la creación de un tratado global sobre contaminación marina por plásticos, que establezca el camino a seguir para reducir la enorme cantidad de basura que ingresa anualmente a los océanos.

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Redes recicladas

Las redes fantasmas, además de ser una amenaza para la vida marina, también son perjudiciales para la economía de los pescadores, pues un 90 % de lo que ellas capturan son especies comerciales. Además, el extravío del arte en sí mismo también significa una pérdida valiosa. Es decir, como lo indica el informe de WWF, las redes fantasmas no benefician a nadie; por el contrario, existen estudios, en el hemisferio norte sobre todo, que estiman que “el 5,7 % de todas las redes de pesca, el 8,6 % de las trampas y nasas, y el 29 % de todos los sedales de pesca utilizados en todo el mundo quedan abandonados, se pierden o se desechan en el medio ambiente”, con el perjuicio económico y ambiental que esto significa.

En América Latina, no obstante, la información sobre la cantidad de artes de pesca que se pierden anualmente en el océano es casi nula, aunque eso no significa que el problema esté ausente, asegura Aimee Leslie, Directora del Programa Marino de WWF Perú. “En las costas del Perú es muy común ver redes tiradas en la playa, enmalladas entre piedras, inclusive entre las casas en las comunidades”, dice Leslie.

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Redes de pesca. Foto: HeidelX/Pixabay

Las razones por las que estos aparejos de pesca terminan en el mar son varias. Una de ellas es cuando se enredan en los fondos rocosos, en los corales, o cuando simplemente “se pierde control sobre el arte, ya sea porque se movió o se la llevó alguna embarcación, por ejemplo, enredada en las hélices”, explica la Directora del Programa Marino de WWF.

Otra razón es la pesca ilegal. En México, por ejemplo, quienes capturan totoaba (Totoaba macdonaldi) —pesca que está prohibida— abandonan las artes de pesca para no ser descubiertos. Las redes fantasmas que resultan de esta actividad ilícita terminan perjudicando, además, a la vaquita marina (Phocoena sinus), un animal que se encuentra en Peligro Crítico de extinción según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Pero estas redes también terminan en el océano cuando los pescadores, por desconocimiento, las arrojan al mar cuando ya no les sirven, asegura Leslie.

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Foto: A_Different_Perspective/Pixabay

“En el caso de Alemania, donde tienen conciencia de que las redes fantasmas generan un impacto, los pescadores hacen un esfuerzo no solamente por no arrojar las redes al mar sino por tratar de recolectarlas cuando las encuentran o reportarlas a las autoridades”, asegura Leslie. “Es por eso que allí los esfuerzos están más enfocados en recolectar las artes de pesca que están abandonadas en el mar”.

Diferentes tecnologías se han implementado para retirar de los océanos las redes fantasma. Una de ellas consiste en un sonar que detecta los lugares potenciales, en los fondos marinos, donde estas artes de pesca pueden haber quedado abandonadas. Otra es la utilización de una especie de rastrillo, explica Leslie, que se utiliza en los fondos arenosos y que recolecta las redes fantasmas.

Según la experta, en América Latina, la mayor fuente de redes fantasma proviene de la pesca artesanal “porque son las pesquerías que tienen menos acceso a facilidades de recolección y también menos exigencias y control”. Es por ello que los esfuerzos en la región se están concentrando en generar conciencia en los pescadores para frenar el impacto negativo que tienen las redes fantasmas en el medio ambiente y sus economías, creando así facilidades para la recolección de las artes de pesca en desuso, asegura Leslie.

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Imagen principal: Pixabay

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