Previo a la conquista española, Sinaloa estaba poblada de extremo a extremo y de costa a sierra. La población de entonces vivía en las orillas de los ríos, cerca de los esteros y el mar, las zonas más ricas en recursos.

Este año se conmemoran los 500 años de la culminación de la conquista de Tenochtitlán, la capital del imperio mexica o azteca, que sucumbió el 13 de agosto de 1521, aunque muchas otras partes de lo que ahora es México continuaron libres del yugo español, una de ellas era la costa noroccidental del Pacífico, pero no por mucho tiempo.

Casi 10 años después, el 21 de diciembre de 1529, el entonces gobernador de Pánuco y Presidente de la 1ª Audiencia de México, Nuño Beltrán de Guzmán, da inicio con su ejército de españoles e indígenas a una empresa de conquista bien conocida históricamente por sus excesos, ya que a su paso por los actuales estados de Michoacán, Jalisco y Nayarit dejó una estela de pueblos quemados y cuerpos masacrados; pues Nuño de Guzmán entendía la pacificación como el aniquilamiento del adversario: “haciendo la guerra e pacificando la tierra” escribió su maestre de campo Gonzalo López, a su paso por Chametla.

El ejército conquistador estaba conformado con ciento cincuenta hombres a caballo, peones armados con doce piezas de artillería menuda y cerca ocho mil indios, según dejó escrito el propio Nuño de Guzmán en una carta al Rey del 9 de julio de 1530.

La conquista de Sinaloa involucró entonces no solo a españoles, también a muchos indígenas, algunos voluntariamente, los más de forma obligada. No fue, sin embargo, un proceso único y continuo. Su desarrollo se puede dividir en tres etapas. La primera entre 1530 y 1532 está dominada por la presencia de Nuño de Guzmán y su enorme ejército que “a sangre y fuego” diezmó a la población indígena sinaloense entre los ríos Las Cañas y Mocorito dando inicio a la conquista de Sinaloa, una de las más brutales y sanguinarias de un proceso de por sí violento.

Conquista de Sinaloa

La conquista del sur de Sinaloa

En septiembre de 1530 las tropas ya se encontraban a orillas del río Acaponeta, en lo que ahora es la población de San Felipe de Aztatlán. Es ahí donde el conquistador se entera de la existencia de Chametla.

El día 19 de ese mismo mes los sorprende un huracán que dejará muy mermadas sus fuerzas y, por ende, su capacidad de combate. Son estas condiciones precarias y desastrosas las que matizan el primer encuentro de los conquistadores con la provincia de Chametla, ya que, en lugar de avanzar arrasando militarmente como lo había hecho hasta entonces, Guzmán se ve obligado a enviar una comitiva a cargo del capitán Lope de Samaniego, para solicitar ayuda a los de Chametla y poder avanzar en su empresa.

El paso de la provincia de Aztatlán a la de Chiametla, es narrado en varias de las crónicas de la conquista. Uno de los relatores anónimos (Anónima Primera, según Razo; Tercera Relación Anónima, según García Icazbalceta) relata que la comitiva llegó a dicha provincia después de haber pasado por espacio de quince leguas algunos ríos y muchas ciénegas. En el primer pueblo consiguieron una gran cantidad de gallinas y algo de pescado.

El primer encuentro, aunque no tan amistoso, resultó en poco agravio entre unos y otros. Juan de Sámano, por su parte, refiere que les tomó siete días llegar de Aztatlán a Chiametla, bordeando la sierra para evitar las marismas, mientras que Gonzalo López solo señala que entre una provincia y otra había catorce leguas de distancia “y en medio hay unos poblezuelos pequeños” (G. López, en Razo, 2001, p. 89).

Sin embargo, otro de los relatores anónimos (Anónima Segunda, según Razo) señala un enfrentamiento con los habitantes de la provincia y describe el tipo de armas que utilizaban de la siguiente manera:

Llama la atención que destaque el uso de la porra y la rodela, además de las flechas, como si en las provincias anteriores no fuera así; y que describa tan detalladamente las características de la rodela o escudo y su uso. El pavés era un escudo oblongo de tamaño tal que lograba cubrir todo el cuerpo del combatiente. Pese a ello, en la lámina 67 del lienzo de Tlaxcala, donde se representa la batalla de Chiametlan, no se observan esos peculiares escudos, solo las rodelas que son similares a los de las otras láminas y en lugar de porras los guerreros chametlanos traen macuahuitl.

Sinaloa
La batalla de Chiametlán, según el Lienzo de Tlaxcala (Chavero, 1979, Lámina 67)

La victoria fue para los españoles y Chametla es ocupada. Los primeros días la estancia fue pacífica, pero los habitantes terminaron huyendo después de ser obligados a traer cargamentos sobre sus espaldas desde Aztatlan, según escribió Gonzalo Fernández de Oviedo.

La comprensible reacción de los habitantes de Chametla, sin embargo, fue tomada por Guzmán como afrentosa. Primero los mandó llamar, pero solo uno de ellos regresó; fue entonces cuando decidió irlos a buscar y quemar sus pueblos, según otro relato anónimo.

La conquista de Sinaloa

Después de estar dos meses en Chametla, la comitiva partió para continuar su campaña hasta el río Mocorito aniquilando a las poblaciones.

En palabras de Gonzalo López, Nuño de Guzmán avanzaba haciendo la guerra y pacificando la tierra, pues el conquistador entendía la paz como el aniquilamiento del enemigo.

A la llegada de las huestes españoles y sus “aliados” indígenas, Sinaloa estaba poblada de extremo a extremo y de costa a sierra. La población estaba organizada políticamente en pequeños señoríos hereditarios circunscritos a las orillas de los ríos y a las áreas aledañas a los esteros y el mar, las zonas más ricas en recursos. El resto de las comunidades eran independientes políticamente. Todo eso se trastocó violentamente con la conquista hace ya 490 años.

Conquista de Sinaloa
Mapa con las “provincias” conquistadas por Nuño de Guzmán en la costa de Nayarit y Sinaloa.
Luis Alfonso Grave Tirado
Alfonso Grave Tirado

Luis Alfonso Grave Tirado es arqueólogo por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), maestro y doctor en Estudios Mesoamericanos por la UNAM. Investigador del INAH Sinaloa en el Museo Arqueológico de Mazatlán. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Desde 1998 realiza trabajos de investigación arqueológica en el sur de Sinaloa donde ha dirigido más de 15 proyectos de investigación. En la actualidad coordina el Proyecto Arqueológico Sur de Sinaloa.

La pesca en el sur de Sinaloa, una historia de larga duración.

La banda de los Chihuiles.

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Luis Alfonso Grave Tirado es arqueólogo por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), maestro y doctor en Estudios Mesoamericanos por la UNAM. Investigador del INAH Sinaloa en el Museo Arqueológico de Mazatlán. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Desde 1998 realiza trabajos de investigación arqueológica en el sur de Sinaloa donde ha dirigido más de 15 proyectos de investigación. En la actualidad coordina el Proyecto Arqueológico Sur de Sinaloa.