¿El Día de Muertos tiene un origen prehispánico o español? ¿La festividad fue extendida naturalmente o implantada? El arqueólogo Alfonso Grave Tirado nos comparte datos que revelan su probable origen.

La vida es digna de ser vivida porque es efímera, pues ¿qué sentido tendría la vida si no existiera la muerte? No podemos experimentar nuestra propia muerte (ni siquiera su pobre remedo, el sueño), pero sí la muerte de otro. La muerte de un ser querido es una de las experiencias más trascendentales que hemos vivido casi todos.

“No podemos mensurar y ponderar nuestra vida, nuestra existencia, sin tener presente que, en cualquier momento, la muerte, propia y ajena, se cruce en nuestro camino. Se vuelve obsesivo el miedo al fin, a la extinción total. Esta angustia ve su consuelo en la idea de la sobrevivencia: el trascender, lo que estimuló al humano a crear imaginarios y tradiciones que explicaran su propia razón de ser, su procedencia y su destino, la prolongación eterna de la existencia” (Mendoza Luján, 2006, p. 25).

En aras de asegurar esta trascendencia y al mismo tiempo mitigar la angustia por la pérdida y la culpa por la sobrevivencia en prácticamente todas las sociedades humanas a lo largo de la historia se ha establecido el culto a los muertos y en particular a los antepasados directos. Culto que se divide en rituales funerarios y los ritos de recordatorio. Entre estos últimos está el Día de Muertos. Uno de los países donde se celebra con gran pompa y solemnidad es México, y una ocasión señalada en el calendario festivo de casi todos sus pueblos y ciudades es 1 y 2 de noviembre.

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A. Durero, Retablo de todos los Santos. Pintura al temple y óleo sobre madera. 1511 (Museo de Historia del Arte de Viena).

La conquista española

La festividad es herencia de la conquista española. En Europa, ya desde el año 844 se celebraba el 1 de noviembre del Día de todos los Santos y a inicios del segundo milenio se introdujo el Día de las Ánimas en Italia, y el día elegido el 2 de noviembre, aunque no fue oficial en todo el mundo católico hasta 1274 y aún más luego de las pestes que asolaron Europa en el siglo XIV donde el 2 de noviembre se oraba por todos los fieles difuntos. La fecha estaba pues ya arraigada en España muchos años antes de la conquista de los que hoy es México.

Herencia prehispánica

De acuerdo con la mayor parte de los antropólogos que han abordado el tema, la forma característica de celebrarlo, su ritualidad, es herencia prehispánica. Se aduce como ejemplo lo que ocurría entre los mexicas o aztecas, la sociedad del México antiguo de la que tenemos mayores datos. El culto a los muertos se concentraba en dos de las 18 fiestas principales que se realizaban todos los años: Miccailhuitontli, que se traduce como “fiesta menor de los muertos” y Huey Miccailhuitl, “fiesta mayor de los muertos”. De ahí, dicen, la división actual del 1 de noviembre: días de los muertos niños y 2 de noviembre, día de los muertos adultos.

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Miccailhuitontli y Huey Miccailhuitl en el Códice Borbónico.

Entre los ritos principales de la primera fiesta estaban las ofrendas de flores, razón por la que también se le llamaba Tlaxochimaco, que significa precisamente “dar flores”. Con flores se adornaban los templos y las calles y otras, junto con comida especial se depositaban en las tumbas en medio de danzas. Después se hacía una gran comilona en honor de los muertos.

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Tlaxochimaco en El Códice Florentino.

En la siguiente fiesta, conocida también como Xocotl Huetzi, “el fruto cae”, que, además de las ofrendas de flores y comida, tenía como rito principal la erección de un tronco en medio de la plaza principal, sobre el cual colocaban armas y regalos que eran ganados por quien primero logrará escalarlo, para lo cual participaban los jóvenes guerreros en una batalla campal. Se “invitaba” a los muertos a participar de la fiesta: “Venid presto que los esperamos”. Durante un día no había diferencias entre los vivos y los muertos y todos andaban a sus anchas.

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Xocotl Huetzi en Los Primeros Memoriales.

¿Invento de la antropología oficial?

Sin embargo, de acuerdo con la historiadora Elsa Malvido, quizá la mayor especialista en el estudio de la muerte en México, esta supuesta herencia prehispánica en la festividad de los muertos es un invento de la antropología oficial mexicana nacida en el seno de la ideología cardenista y que tiene como objeto “otorgarle” identidad al mexicano como descendiente de las grandes culturas del pasado. Algo similar a lo que ocurre ahora con querer borrar el término conquista y cambiarlo por el de resistencia indígena.

Para Malvido, los rituales celebrados durante el 1 y 2 de noviembre, “son netamente españolas, coloniales cristianas y en algunos casos romanas paganas, enseñadas por frailes, curas y otros europeos a los indios y mestizos” (Malvido, 2006, p. 45). Destaca que la señalada tradición de consumir el pan de muerto y dulces en forma de calaveras tiene su origen en los reinos de León, Aragón y Castilla, donde, desde por lo menos el siglo XIII el 1 de noviembre, Día de todos los Santos, se preparaban (y se preparan todavía en la actualidad) ciertos alimentos, entre ellos dulces y panes imitando a las reliquias, es decir, a los huesos de los santos.

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“Huesos de santo”. Dulces típicos para la celebración de Todos los Santos en España.

Asimismo, señala que la celebración como una sola fiesta de los muertos en estos dos días se dio hasta el siglo XVIII en el zócalo de la ciudad de México y no fue sino hasta después de la epidemia de cólera de 1833, cuando se prohibió enterrar a los muertos en las iglesias, que la fiesta se trasladó a los panteones. Del centro de México se fue extendiendo poco a poco y sobre todo a partir de su “naturalización” como mexicano, se implantó en todo México, junto con la charrería y el tequila, incluyendo el altar de muertos, “tradición” que en Sinaloa es relativamente reciente, pues al menos yo no la recuerdo de mi infancia y adolescencia (décadas de los setenta y ochenta del siglo pasado).

Como sea, fiesta de origen prehispánico o español, extendida naturalmente o implantada hoy en día es parte nuestra y estos próximos 1 y 2 de noviembre tengamos la mesa lista con mucha comida y más bebidas para la convivencia entre vivos y muertos.

Para leer más: VV. AA. La festividad indígena dedicada a los muertos en México. Patrimonio Cultural y Turismo. Cuaderno 16. Conaculta, México, 2006. Disponible en: https://www.cultura.gob.mx/turismocultural/publi/Cuadernos_19_num/cuaderno16.pdf

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Huesos cruzados. Museo Arqueológico de Mazatlán.

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Luis Alfonso Grave Tirado es arqueólogo por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), maestro y doctor en Estudios Mesoamericanos por la UNAM. Investigador del INAH Sinaloa en el Museo Arqueológico de Mazatlán. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Desde 1998 realiza trabajos de investigación arqueológica en el sur de Sinaloa donde ha dirigido más de 15 proyectos de investigación. En la actualidad coordina el Proyecto Arqueológico Sur de Sinaloa.