La pandemia de influenza española que se suscitó en 1919 en Mazatlán fue atendida localmente como una epidemia de viruela. En aquel entonces, el Ayuntamiento utilizó la fuerza policiaca para imponer orden en los poblados rurales y proceder al aislamiento de los enfermos. El mismo General Juan Carrasco, Jefe de Operaciones  Militares del Estado de Sinaloa, se vio obligado a mandar una brigada de vacunación a las comunidades.

Las primeras noticias o señales de alarma sobre la presencia de una gripe maligna o “gripe mala” se dieron a conocer el 21 de enero de 1919 en la sesión ordinaria  del Ayuntamiento de Mazatlán; estas señales de alerta provenían  desde las comunidades rurales del municipio. 

Así  lo  informó el síndico municipal de El Quelite, el C. Rosendo Osuna,  mediante un escrito con fecha del 13 de enero, haciendo del conocimiento el haber clausurado las escuelas de su jurisdicción porque en aquella zona al noroeste del municipio de Mazatlán se estaba desarrollando  la enfermedad conocida como influenza española.

También con fecha 15 de enero, desde Villa Unión, la segunda población en importancia del municipio de Mazatlán,  el síndico municipal  C. José Antonio Pérez,  manifestó por escrito su inquietud. En el acta de cabildo se asienta  que día a día aumenta la mortalidad de vecinos de aquella Villa y su demarcación, siendo la enfermedad reinante la pulmonía y  como ya son alarmantes los casos  que se han dado, se permite ponerlo en conocimiento de la corporación municipal para que se tomen cartas en el asunto.

En el caso de lo informado por el síndico de El Quelite, el cabildo aprueba el cierre de escuelas pero bajo la condición de que, al cesar un poco la emergencia, fueran abiertas de nuevo. Sugerencia que difícilmente sería llevada a cabo, pues el año escolar 1918-1919, prácticamente se dio por perdido en toda el área rural.

Campañas de vacunación

Para el caso alarmante de Villa Unión, donde se asegura que había  una epidemia de viruela, el presidente municipal C. Cristóbal C. Solís tomó la medida de enviar al Dr. Peregrin Mont durante el lapso de diez días a partir del 29 de enero para que llevara a cabo la campaña de vacunación y aplicación de medidas sanitarias urgentes para evitar su propagación.

En lo que respecta a La Noria, se envió al practicante Agustín Tortolero para que llevara a cabo las labores iniciales de vacunación de los vecinos y al cual se le pagó la cantidad de $40.00 (cuarenta pesos).

Estos acuerdos de cabildo correspondientes a enero son interesantes porque revelan que la pandemia de influenza española fue atendida localmente  como una epidemia de viruela tanto en el municipio de Mazatlán, como en todo el estado de Sinaloa, si también tomamos en cuenta las actas de cabildo de la ciudad de Culiacán,  

Se abre aquí una línea de investigación para médicos y especialistas en la materia, pues los registros históricos sugieren que al ser una enfermedad desconocida, la influenza o gripe española fue entendida como viruela, atacando algunos de sus síntomas como  fiebre, dolores de cabeza y otros como presencia de sarpullido e irritación de la piel.

Se expanden los contagios; usan la fuerza policial

En sesión ordinaria del Ayuntamiento de Mazatlán, el presidente municipal da lectura a un oficio firmado por el C. Rosendo Zatarain, síndico municipal de La Noria, pidiendo ayuda debido al incremento de la epidemia de viruela en ese asentamiento y en otras poblaciones de su demarcación, especialmente en Pichilingue y en San Marcos, donde su comisario municipal, el C. José María Osuna, solicitaba la presencia de un agente de policía para proceder al aislamiento de los enfermos y  evitar la propagación de los contagios en toda la demarcación.

El ayuntamiento respondió que se enviaría desde La Noria fuerza policiaca a los poblados para imponer orden y proceder al aislamiento de los enfermos como lo solicitaban el síndico y el comisario.

También se le ordenó al síndico  de La Noria buscar entre los vecinos a una persona capaz para llevar a cabo la vacunación y que en lo inmediato se le enviarían vacunas y material médico necesario.

En materia de seguridad pública se le pidió al síndico municipal de Villa Unión la contratación de dos policías montados con sueldo de $1.50 (un peso con cincuenta centavos)  al día y de dos policías de a pie con la asignación de $1.25 (un peso veinticinco centavos).

En la sesión Ordinaria del 21 de febrero, el Ayuntamiento de Mazatlán recibe un oficio del C. General Juan Carrasco, Jefe de Operaciones  Militares del Estado de Sinaloa. En el documento informa haber enviado a campaña de vacunación al C. Juan Vázquez Sargento Primero, Enfermero Ambulante de la Sección Sanitaria de la Brigada Carrasco, con la encomienda de vacunar a los habitantes de la comisaria del Pichilingue habiendo realizado su labor con éxito y regresado a su cuartel el 12 de febrero del presente. En el oficio se añadió  una lista con los nombres de las personas vacunadas, por lo cual el Ayuntamiento de Mazatlán otorga un voto de gratitud al C. General Juan Carrasco.

Influenza española
Casa antigua en La Noria. Foto: Son Playas.

Los vecinos se organizan

Cabe mencionar que junto a la responsabilidad oficial se dio una activa participación de ciudadanos de todas las localidades, formando juntas de vecinos que realizaban aportaciones en efectivo y trabajo comunitario en atención a la emergencia. El 21 de febrero de 1919, el C. Mariano Rivera, vecino de la sindicatura de La Noria, daba aviso al ayuntamiento de haber formado una junta con el propósito de combatir la epidemia. Anteriormente, el C. Mariano Rivera había tenido participación en otras tareas como las de encabezar trabajos de limpieza, reparación y mantenimiento del camino vecinal de La Noria a Mazatlán, según consta en actas de 1918.

Pasó el tiempo y la situación de emergencia se mantenía latente y al alza en la zona rural del municipio. El Cabildo, en su sesión ordinaria del 25 de marzo y por instrucciones del presidente municipal C. Cristóbal Solís, acuerda que salga en atención a la emergencia que se vivía en la sindicatura de La Noria  una comisión del Ayuntamiento en campaña de vacunación; dicha comisión sería encabezada por el Dr. Vera Becerra, Medico e Inspector de Higiene Municipal, acompañado del regidor Luis Zúñiga  y el practicante José Pardo.

Una semana después, en la sesión del 2 de abril ante el pleno del ayuntamiento, se informó que la comisión de Becerra y Zúñiga  había partido de Mazatlán y realizado la vacunación en los pueblos de El Venadillo, El Chilillo, Puerta de Canoas, Los Limones, Palma Sola, Las Moras, La Noria y San Marcos. El informe de la comisión hace constancia de la cantidad de vacunados y de las medidas sanitarias que se tomaron.

Confinan a los enfermos

En La Noria y en San Marcos se mantenían lugares de confinamiento de infectados o lazaretos. Para sostener estos establecimientos y poder brindar alimentos y medicamentos a los confinados, el Ayuntamiento de Mazatlán asignó desde febrero la cantidad de $5.00 (cinco pesos diarios), la cual se incrementaba con las aportaciones de familiares y vecinos de los enfermos.

Esta ayuda oficial se mantendrá pero tenía que ser sometida frecuentemente a la aprobación del pleno de regidores, así se llevó a cabo en la sesión del 19 de abril con la esperanza de que se redujera de un momento a otro la demanda de confinados.

Los apoyos tenían que sustentarse con un informe semanal que el síndico de La Noria debía rendir sobre las altas y bajas y el estado que guardaba la epidemia entre los vecinos de aquella población.

Para el mes de mayo el Inspector de Higiene  informaba al ayuntamiento  que entre los lazaretos de Puerta de Canoas, La Noria y San Marcos se contaba con el confinamiento constante de treinta enfermos, a los cuales se les atendía con alimentos, ropa y medicamentos, situación que elevaba los gastos de manera considerable y que superaba en creces lo presupuestado por la autoridad municipal; además, habría que agregar los elevados gastos en el sostenimiento del lazareto de Mazatlán en la Isla de Belvedere.

En el caso de San Marcos, el Lazareto se vino a establecer debido a un repunte de la epidemia sobre aquella población y sus vecinos de la Puerta de San Marcos y Juantillos de la Noria. El ayuntamiento expidió el 2 de mayo un apoyo de $2.50 (dos pesos con cincuenta centavos), junto con la petición de que el comisario impulsara medidas de cooperación monetaria entre los vecinos para poder sostener el confinamiento de los enfermos. A finales de agosto, la cantidad de dinero aportado por la autoridad municipal alcanzó la cantidad de $5.00 (cinco pesos) diarios.

Influenza española
Camino vecinal de La Noria. Foto: Son Playas

El practicante Luis Velasco

A partir del repunte de enfermos en La Noria y San Marcos el Ayuntamiento  y el inspector de higiene de Mazatlán enviaron de manera permanente a un practicante de nombre Luis Velasco para que atendiera ambas poblaciones y se ordenaba al síndico de La Noria que le proporcionaran una acémila (asno) para su traslado diario entre ambas poblaciones. El practicante aparte del sueldo mantendría una gratificación mensual de $30.00 (treinta pesos).

Sabemos que  el practicante Luis Velasco duró cerca de cinco meses por aquellos lugares y en algunas ocasiones llegó a exigir que le aumentaran la gratificación a $40.00 (cuarenta pesos), cosa que nunca sucedió y que al contrario, se le redujo a $ 20.00 (veinte pesos) en el mes de julio, después de dar de alta a los últimos dos enfermos que se habían recuperado.

Incluso el síndico de La Noria llegó a inconformarse con el practicante porque se le veía con más frecuencia en La Noria que en San Marcos, atendiendo asuntos personales. A Luis se le pide venir a Mazatlán a rendir un informe y a que pasara a cobrar personalmente la gratificación de agosto.

Ese mismo mes llegan noticias de que en el poblado del Callejón, en la comisaría de Walamo, se habían registrado cinco casos de personas contagiadas de viruela. Entonces deciden mover al practicante a esa comunidad, para  que acompañado del síndico de Villa Unión implementara una campaña de vacunación además de atender a los supuestos enfermos.

La comisión se trasladó a Walamo y al pueblo del Callejón y llevaron a cabo su labor sin encontrar variolosos entre los habitantes de aquella comunidad. Luis Velasco informó que habiendo cumplido su misión dejó en la comisaría de Walamo una dotación de doce tubos de vacuna a manera de reserva. Todavía en septiembre solicita al cabildo una gratificación extraordinaria de $ 40.00 a $50.00, pero terminan por otorgar solo la cantidad de $20.00 (veinte pesos).

Influenza española en Mazatlán
Camino de Walamo, a la orilla del río Presidio en la actualidad. Foto: Son Playas.

Fin de la crisis sanitaria por influenza española

El 30 de septiembre de 1919 el síndico de La Noria informaba por escrito al Cabildo que finalmente se había llevado a cabo la apertura de las escuelas de La Noria y de San Marcos y que “pronto todas las escuelas de aquella sindicatura estarían trabajando de manera normal”. El informe fue dado a conocer en la sesión del cabildo del 10 de octubre de ese mismo año.

La pandemia de influenza española confundida o entreverada con esta  “fiebre de viruela” ocasionó durante 1919 grandes estragos entre la población campesina del municipio de Mazatlán. Epidemias de las que poco sabemos o que han quedado ocultas a lo largo de la historia.  

Estos fueron los primeros indicios de la influenza española en la localidad.

Influenza Española 1918
El periódico El Demócrata dedicó su portada los estragos de la influenza española en la capital del país en 1918. Imagen: Archivo.

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Luis Antonio Martínez Peña
Dr. Luis A. Martínez Peña

Es doctor en Historia por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Entre su obra publicada se encuentran: «El porfiriato en Sinaloa»; «Mazatlán, historia de su vocación comercial durante el siglo XIV»; «Inversiones extranjeras en el noroccidente de México durante el siglo XIX»; «Los vascos en el sur de Sinaloa» y Cancionero de Mazatlán, entre otros.

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