Contrario a lo que se cree, en Sinaloa sí hubo pirámides y canchas para el juego de pelota en la época prehispánica. El Calón es la estructura más grande y mejor conservada de todo el estado; para su construcción se utilizaron únicamente conchas de molusco.

Es una suposición común, no solo entre el “público en general”, sino también entre los académicos, que en Sinaloa no hay pirámides prehispánicas. Hace poco más de 30 años cuando externé mi intención de estudiar arqueología, muchos de mis condiscípulos en el CBTIS de Escuinapa se preguntaron ¿arqueología?, ¡pero así aquí ni indios hubo!

Al iniciar mis estudios en la Escuela Nacional de Antropología e Historia en la ciudad de México, algunos de mis compañeros me cuestionaban ¿Y a ti por qué te dio por estudiar arqueología, si allá ni pirámides hay? Todavía algunos colegas me comentan jocosamente: “Ha de ser bien fácil el trabajo por allá, si no hay nada”.

Aunque equivocado, por supuesto, no es de extrañar este prejuicio, si las propias autoridades del INAH lo tienen. Durante años se suscitó entre quien esto escribe y un anterior director del INAH Sinaloa una especie de sketch malo de un mal humorista; pues en todos los eventos en que participamos juntos, durante su presentación el director siempre aseveraba: “Aunque en Sinaloa no hay pirámides, la arqueología no deja de ser importante”; por lo que yo invariablemente comenzaba mi intervención: “Tengo que desmentir al director, pero en Sinaloa sí hay pirámides”. Y su cara, la del director, expresaba en cada ocasión un profundo asombro. Ahora me pregunto si lo hacía para suscitar la atención del público… pero no lo creo.

Pirámides de Sinaloa
El Calón. Foto: cortesía.

Reitero: En Sinaloa sí se construyeron pirámides en la época prehispánica; de hecho, una de las primeras ocasiones que supe de la presencia de vestigios prehispánicos en Sinaloa, fue cuando me enseñaron el “cerrito” de El Calón, por lo que podríamos decir que, en parte, las pirámides sí tuvieron que ver en que estudiara arqueología –no sales impune ante lo maravilloso-; pero la verdad es que la existencia de éstas quedó establecida desde la primera investigación arqueológica formal en el estado de Sinaloa.

El legado de nuestros predecesores

En efecto, desde el invierno de 1929-1930, cuando Carl Sauer y Donald Brand llevaron a cabo su reconocimiento arqueo-geográfico de la llanura costera entre los ríos Acaponeta y Mocorito, reparan en la existencia de montículos en las orillas de los ríos. De particular interés es lo observado en las márgenes de los ríos Acaponeta, Baluarte y Presidio. En el primero reportan un montículo de tierra en forma de pirámide truncada, a la que todavía se conoce bajo el nombre de Loma de la Cruz.

Pirámides prehispánicas
Loma La Cruz en San Felipe Aztatán, a orillas del río Acaponeta (Modificado de Sauer y Brand). Imágen: cortesía.

En la zona baja del río Baluarte, Sauer y Brand notaron que era esta zona, junto con la del río Culiacán, “las que poseen los más impresionantes vestigios en la superficie” en todo el estado de Sinaloa. Concretamente en las inmediaciones de la población de Chametla observaron que correspondían a un solo poblado prehispánico: “El diámetro mayor del antiguo pueblo es quizá de dos kilómetros… No cabe duda de que este asentamiento fue muy grande y que estuvo habitado por muchas generaciones… Arriba de Chametla, concretamente entre Chametla y Apoderado, hay numerosos montículos en medio de una estrecha llanura aluvial, siendo el más notorio entre ellos la llamada Loma de Ramírez”.

Pirámides
Loma de Ramírez en la planicie aluvial. Foto: cortesía.

Mientras que en el río Presidio, además de informar por primera vez de las urnas funerarias, visitaron un asentamiento, ubicado en el rancho La Loma, a kilómetro y medio al norte de El Walamo. Lo que le daba nombre al rancho, dicen “…es una pirámide artificial de aproximadamente nueve metros de alto y con la punta aplanada… Un montículo más grande pero menos visible se encuentra a poca distancia hacia el sur”, y la comparan con La Loma La Cruz.

Isabel Kelly, alumna de Sauer, excavó en Chametla en mayo de 1935, y al igual que su maestro, no pudo dejar de notar la abundancia de materiales arqueológicos y, además de Loma de Ramírez, informó de otras dos elevaciones artificiales del otro lado del río en la Hacienda Coacoyolitos. A la distancia no nos queda duda que se trataba de los restos de basamentos piramidales sobre los que se erigían sendos templos construidos con material perecedero.

Plataforma de Coacoyolitos. Foto: cortesía.

La Delegación Arqueológica del Noroeste

En la segunda parte de la década de 1960, se fundó la Delegación Arqueológica del Noroeste del INAH, de la que el arqueólogo Héctor “El Gordo” Gálvez, fungió como jefe y único integrante. Por desgracia, sus informes se reducen a escuetas cartas de dos páginas. En la fechada el 4 de octubre de 1966 señala que visitó los sitios El Guayabo, Villa Unión, Las Palomas, El Walamo y La Urraca.

De El Walamo nos dice que es “un posible Centro Ceremonial… formado por varios montículos y quizá exista un juego de pelota”.  En julio de 1967 lo excava y especifica sus dimensiones: “mide 76.00 mts. de largo por 57.00 mts. de ancho y un promedio de 5.00 mts. de alto, en el lado sur dos pequeñas plataformas en ambos extremos”.

Entre el 15 de octubre de 1966 y el 28 de enero de 1967, efectúo excavaciones extensivas en Siqueros, población situada en la margen sur del río Presidio, al pie del cerro Zacanta. El sitio arqueológico, dice Gálvez: “…está constituido por un montículo principal de una altura aproximada de 5 mts. por 20 de diámetro, y en 3 plataformas, dos de ellas alargadas y una en forma de L”.

El descubrimiento de El Calón

Al tiempo que Héctor Gálvez hacía sus incursiones en los principales sitios arqueológicos del sur de Sinaloa, entre 1967 y 1973, se realizó la investigación más ambiciosa sobre el pasado prehispánico de la región sur de Sinaloa y norte de Nayarit.

En la zona de la boca de Teacapán, en un área de aproximadamente 142 km2, se “localizaron, registraron y midieron 627 sitios arqueológicos”, casi todos concheros y aunque la gran mayoría están en el estado de Nayarit; fue en Sinaloa, específicamente a orillas de la laguna Agua Grande, donde se efectuó, en 1968, el hallazgo más espectacular de esta investigación: El Calón.

De acuerdo con su descubridor, Stuart Scott: “El cerro del Calón es un ejemplo de arquitectura extraordinaria, no solo por su tamaño sino también por su configuración, características que podrían constituir un argumento para sugerir una construcción y utilización del cerro como templo. Este montón de conchas (casi todas todavía cerradas) tiene el aspecto indudable de un templo debido a su forma de pirámide truncada. Arriba se observa una superficie cuadrilátera, bien nivelada por los arquitectos prehispánicos”.

pirámides
Plano topográfico de El Calón.

En la actualidad

En los últimos veinte años he realizado investigaciones en las marismas de Escuinapa, la cuenca del río Baluarte y la vega del río Presidio, entre otros puntos, a través de las cuales he podido determinar que las apreciaciones de mis predecesores son correctas.

El Calón es la estructura arquitectónica prehispánica más grande y mejor conservada de todo el estado de Sinaloa. Aunque por convención le llamamos pirámide, en realidad tiene la forma de un cono truncado cuya base, ligeramente oblonga, mide 85 por 88 metros y alcanza una altura de 20.70 metros desde el lecho del pantano. Para su construcción se utilizaron únicamente conchas de molusco. En su gran mayoría (más del 70%) de pata de mula y en menor medida de ostión, almeja y algunos caracoles. Según calculamos, fueron necesarias 275 millones 746 mil 792 moluscos de concha y se construyó entre el 500 y el 750 d.C.

Pirámides prehispánicas de Sinaloa
Vista de El Calón a vuelo de dron. Imágen: cortesía.

Cuenca del río Baluarte

En la cuenca del río Baluarte, hemos registrado más de 100 sitios arqueológicos. Sobresale Chametla: Tiene una extensión de casi 100 hectáreas (1.5 kilómetros de este a oeste por unos 600 metros de norte a sur) y se compone de más de 50 montículos entre los que destacan La Loma del Panteón y la Loma de Ramírez. La primera es una plataforma de 150 metros de largo por casi 60 metros de ancho, sobre la se asienta un montículo piramidal de 40 metros de lado en su planta y una altura superior a los 8 metros. Visto desde el río, la pirámide rebasa los 12 metros de altura.

Por su parte Loma de Ramírez es una loma natural que fue acondicionada mediante rellenos artificiales hasta conformar una enorme plataforma de casi 100 metros por lado, sobre la cual se levanta un montículo piramidal de casi 10 metros de altura. Entre ambas se encuentra una cancha para el juego de pelota. El acondicionamiento de Loma de Ramírez comenzó entre el 250 y el 500 d.C., pero el apogeo de Chametla ocurrió entre el 800 y la llegada de los españoles, cuando fueron construidos y ampliados el resto de los edificios de culto.

Pirámides prehispánicas de Sinaloa
Loma de Ramírez. Foto: cortesía.

Vega del río Presidio

Los vestigios de la vega del río Presidio son los que más han sido afectados por la introducción de sistemas de riego en el sur de Sinaloa. Donde otrora estaba la pirámide de tierra reportada por Sauer y Brand y descrita por Gálvez solo queda un enorme manchón de material arqueológico.

El sitio de Siqueros no lo he logrado identificar, pero en 2005 se registró el sitio La Limonera, casi enfrente de El Bajío, pero del otro lado del río. En él fue posible observar, además de varias plataformas alargadas, un montículo de más de 8 metros de altura. Por desgracia, el asentamiento está completamente alterado, debido a que fue usado como banco de material… para la construcción de los campos deportivos de la Juárez.

Pirámides prihispánicas
La Limonera. Foto: cortesía.

Así pues, no de piedra, pero sí de concha y tierra, en el sur de Sinaloa hay pirámides y canchas para el juego de pelota, las cuales conformaban la parte central de las pequeñas ciudades prehispánicas que fungieron como capitales políticas de sus no muy extensos territorios.

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Dr. Alfonso Grave Tirado

Luis Alfonso Grave Tirado es arqueólogo por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), maestro y doctor en Estudios Mesoamericanos por la UNAM. Investigador del INAH Sinaloa en el Museo Arqueológico de Mazatlán. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Desde 1998 realiza trabajos de investigación arqueológica en el sur de Sinaloa donde ha dirigido más de 15 proyectos de investigación. En la actualidad coordina el Proyecto Arqueológico Sur de Sinaloa.

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Luis Alfonso Grave Tirado es arqueólogo por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), maestro y doctor en Estudios Mesoamericanos por la UNAM. Investigador del INAH Sinaloa en el Museo Arqueológico de Mazatlán. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Desde 1998 realiza trabajos de investigación arqueológica en el sur de Sinaloa donde ha dirigido más de 15 proyectos de investigación. En la actualidad coordina el Proyecto Arqueológico Sur de Sinaloa.