La cerámica prehispánica de Sinaloa es superior a cualquier cerámica moderna de México. La alta calidad de las vasijas, elaboradas por alfareros especializados, son una señal inequívoca del nivel de desarrollo sociopolítico que se tuvo en esa época.

En el México prehispánico el poder económico y político de las élites se apoyaba en un complejo enramado de generación de excedentes de productos básicos, ceremonias públicas, elaboración de artesanías y en la obtención de bienes de prestigio por comercio a larga distancia. Éstos eran usados básicamente por los miembros del grupo en el poder. Su hallazgo se interpreta como un indicador fiable de jerarquización social, de la presencia de una élite al interior de una región particular.

Sinaloa prehispánico
Cascabeles de cobre de Juantillos. Foto: cortesía.

Ya vimos en la colaboración anterior (pirámides prehispánicas en el sur de Sinaloa), la existencia de edificios cultuales, otro de los principales indicadores de complejidad social y la presencia de gobernantes y sacerdotes especializados y, con ello, de rituales colectivos; aquí abordaremos otra señal inequívoca del nivel de desarrollo sociopolítico: la alta calidad de las vasijas de cerámica, algunas de ellas verdaderos objetos suntuarios, lo que sin duda nos señala la presencia de especialistas que, al menos durante una temporada, no se dedicaban a las actividades productivas primarias.

Como las pirámides, no es que estos materiales hayan estado ocultos mucho tiempo; por el contrario, ejemplos señeros se pueden observar, además de en el Museo Nacional de Antropología y el Museo Arqueológico de Mazatlán, en casi cualquier museo comunitario de Sinaloa, como el de Mochicahui, Tamazula, La Noria y Chametla, por mencionar unos cuantos y también, lamentablemente, en las numerosas colecciones privadas.

¿Por qué me lamento de las colecciones privadas y no de los museos comunitarios cuando en realidad ambos animan el saqueo de piezas arqueológicas, con la consiguiente destrucción del contexto y la pérdida de la mayor parte de la información que nos puede proporcionar un artefacto? En primer lugar, porque la mayor parte de los museos no compra, solo recibe donaciones, por lo que su acervo se nutre en general de piezas encontradas de forma accidental al arar los campos, al abrir las zanjas para el agua o el drenaje, al cavar una tumba, etcétera; mientras que los coleccionistas privados casi siempre compran las piezas, por lo que, aunque su intención sea rescatar nuestro pasado, la verdad es que incurren en su destrucción al alentar el saqueo directo y premeditado.

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Vasijas de Chametla en el Museo Nacional de Antropología. Fotografía de Gibrán de la Torre. Foto: cortesía.

En fin, decía, la abundancia de artefactos de alta calidad en todo el estado tendría que ser motivo suficiente para cuestionarse la supuesta simplicidad de las culturas sinaloenses prehispánicas según se lee en muchos libros de historia, tanto de divulgación como académicos. Las investigaciones arqueológicas de los últimos 90 años han dejado en claro la gran complejidad alcanzada, pero, definitivamente no hemos sabido difundirlo adecuadamente.

Cerámica de Juantillos, Mazatlán. Foto: cortesía.

Cerámica prehispánica de calidad superior

La sofisticación lograda por los artesanos prehispánicos de Sinaloa, en particular de los ceramistas, fue notada, por supuesto, desde las primeras incursiones de profesionales en el estudio del pasado en el estado. Carl Sauer y Donald Brand señalan que en general la cerámica prehispánica de Sinaloa es superior a cualquier cerámica moderna de México, la cual incluye una cerámica policromada “bien cocida, bien pulida y extremadamente resistente a la intemperie”; una cerámica acanalada y otra negra, tan finas que tienen un lustre satinado, y tan duras que “al chocarlas producen un sonido como de campana” y otra todavía más fina “con una delicada y compleja tracería de grabados”.

Cajete policromo en el Museo Nacional de Antropología. Fotografía de Gibrán de la Torre.

Isabel Kelly por su parte, refiere que la cerámica tardía de Chametla solo tendría rival entre la fabricada por los artesanos oaxaqueños; y los impresionantes hallazgos de Gordon Ekholm en Guasave vinieron a despejar cualquier duda, si la hubiera. Esto llevó a Clement Meighan a expresar que la cerámica sinaloense prehispánica era “una de las cerámicas prehistóricas más elaboradas del Nuevo Mundo”.

cerámica prehispánica
“Plato del dios emplumado” de Guasave. Fotografía de Gibrán de la Torre

La alta calificación de los artesanos sinaloenses se pone de manifiesto ya desde las primeras etapas de ocupación en el sur de Sinaloa, pero, a partir del 500 d.C. es aún más notorio, lo que consideramos un indicador, a la par de la construcción de edificios de culto, de la institucionalización del poder; es decir, de que, a partir de este momento, un pequeño grupo “convence” a los demás que son los únicos dignos de gobernar.

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Materiales recuperados en la isla Xucuistillo, Escuinapa. Foto: cortesía.

En los propios materiales se pueden observar personajes de alto rango, como gobernantes-sacerdotes y jugadores de juego de pelota, pero también algunas que representan cautivos desnudos; esto es, la representación típica de víctimas de sacrificio humano. Así, pues es clara la presencia de una élite capaz de establecer mecanismos ideológicos efectivos para mantener el poder.

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Figurilla del Museo Comunitario de Chametla que representa a un cautivo de guerra, en la típica posición de una futura víctima de sacrificio. Foto: cortesía.

La finura de la cerámica se hace más evidente en los años posteriores al 750 d.C., lo que coincide, aparentemente, con un largo periodo de estabilidad social y política en el sur de Sinaloa y que, entre otras cosas, se manifiesta en una cierta estandarización de los materiales arqueológicos, sobre todo en los objetos suntuarios y votivos, entre los que se encuentran algunas  vasijas de cerámica decoradas profusamente con policromía y/o incisiones, con que se reprodujeron motivos geométricos y en ocasiones representaciones de escenas míticas y/o rituales.

Sinaloa prehispánico
Vasijas-códice en el Museo Comunitario de Escuinapa y el Museo Arqueológico de Mazatlán. Fotografía de la primera, cortesía de Mauricio Garduño.

Ello nos indica la existencia de artesanos especializados o incluso de verdaderos artistas (en el sentido de que crean objetos que no existen: abstracciones, dioses). Como sea, estos especialistas estarían al servicio directo del grupo en el poder, aunque también es probable que hayan sido integrantes del estamento gubernamental quienes hayan elaborado personalmente tales objetos, como ocurrió, por ejemplo, en las grandes ciudades mayas del Clásico.

Pudo haber sido un sacerdote o un miembro directo de la “realeza” (familiar del gobernante), en todo caso parte de la élite dirigente, pues era la que detentaba el control del conocimiento esotérico y místico, y, de hecho, la producción de estos objetos, además de la vasija en sí, estaban cargados de simbolismo religioso (la imagen es consustancial a lo divino), y en ciertos momentos albergaban a un dios, aunque, como la felicidad, solo por un instante.

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Nariguera de piedra verde, Juantillos. Foto: cortesía.

Estos objetos tenían pues uso restringido, ya que no cualquiera podía manipularlos, únicamente quienes estaban “preparados” para ello; por eso, junto con otros materiales suntuarios como los adornos de piedra verde y concha rojiza, los “excéntricos” de obsidiana y artefactos de cobre, son señales indiscutibles de que las sociedades humanas de Sinaloa alcanzaron una gran complejidad económica, social, política y religiosa durante la época prehispánica.

Luis Alfonso Grave Tirado es arqueólogo por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), maestro y doctor en Estudios Mesoamericanos por la UNAM. Investigador del INAH Sinaloa en el Museo Arqueológico de Mazatlán. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Desde 1998 realiza trabajos de investigación arqueológica en el sur de Sinaloa donde ha dirigido más de 15 proyectos de investigación. En la actualidad coordina el Proyecto Arqueológico Sur de Sinaloa.

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Luis Alfonso Grave Tirado es arqueólogo por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), maestro y doctor en Estudios Mesoamericanos por la UNAM. Investigador del INAH Sinaloa en el Museo Arqueológico de Mazatlán. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Desde 1998 realiza trabajos de investigación arqueológica en el sur de Sinaloa donde ha dirigido más de 15 proyectos de investigación. En la actualidad coordina el Proyecto Arqueológico Sur de Sinaloa.