Los estudios arqueológicos revelan que los primeros grupos costeros de esta zona no fueron los aztecas, aunque muchas personas aún lo creen.

Como ya señalamos en una colaboración anterior (Cronología del sur de Sinaloa en la época prehispánica), en la búsqueda por conocer a las sociedades del pasado prehispánico de Sinaloa y en general el pasado a través de sus restos materiales, la arqueología parte de tres cuestionamientos básicos: ¿cuándo?, ¿quiénes? ¿cómo? Aquí trataremos de dar respuesta a la segunda pregunta.

A lo largo de mis recorridos por casi todos los rincones de la costa y llanura costera del sur de Sinaloa, la cuestión que casi siempre le sigue a la de ¿qué tan viejos son esos monos?, es la de ¿cuál es la cultura?, o más coloquialmente ¿cómo se llamaban los indios que vivían aquí antes? Y la respuesta es: no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que no fueron los aztecas.

Mazatlán
Mapa con la distribución de los grupos etnicos en el siglo XVI (según S. Ortega, Breve historia de Sinaloa).

Esto podría resultar extraño, ya que, en todos los libros de texto, en muchos de divulgación y en no pocos académicos, se da por sentado que Sinaloa fue parte importante de la peregrinación mexica y que la llanura costera desde el río Piaxtla y hasta el río Santiago, en Nayarit, era territorio totorame, mientras que en la sierra habitaban los xiximes; sin embargo, esto no lo podemos saber a través de los datos arqueológicos, pero tampoco queda claro con la lectura de los documentos históricos coloniales, fuente importante para poder dilucidar esta cuestión.

En los relatos y cartas de los soldados que formaban parte del ejército que conquistó en 1531 la costa noroccidental del Pacífico, si bien refieren que estaba “hasta la mar poblado” y consignan el nombre de varias de las poblaciones más importantes como Chametla, Quezala, Colipa y Los Frijoles, en ninguna parte se hace mención del nombre que se daban a si mismos ni del idioma que hablaban.

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Mapa con las unidades político-territoriales del sur de Sinaloa a la llegada de los españoles.

En busca del gentilicio costeño

Por su parte, Baltasar de Obregón, quien acompañó a Francisco de Ibarra en la campaña de conquista del norte de la Nueva España y escribió sus impresiones en su “Historia de los descubrimientos antiguos y modernos de la Nueva España, escrita por el conquistador en el año de 1584”, tampoco hace referencia a gentilicios ni idiomas.

Cuando narra la reconquista del sur de Sinaloa en 1566, ya bautizada para entonces como provincia de Chametla, Baltasar de Obregón se refiere a los habitantes de la llanura costera únicamente con el apelativo de “naturales” y a los de la sierra de Cacalotán les espeta el de “caribes”, es decir, caníbales.

En 1588, 22 años después, visita la región vecina del norte de Nayarit el padre franciscano Alonso Ponce, a la sazón Comisario General de la Orden de Francisco en Nueva España, de lo que dejó constancia su secretario Antonio de Ciudad Real en su “Tratado curioso y docto de las grandezas de la Nueva España”; donde, además de destacar lo bien que era recibido por los indios cristianos, se da tiempo de hacer una serie de observaciones sobre la forma de vida de éstos, no únicamente sobre su economía, sino también sobre su indumentaria, artesanías, e incluso la lengua, o más bien las lenguas que hablaban. Es decir, pasaron 57 años de la primera incursión española a estas tierras para que alguien hiciera mención de ello.

Señala Antonio de Ciudad Real que solo en la guardianía de Acaponeta, que en realidad se hacía cargo también de la educación religiosa de los indios del sur de Sinaloa, se hablaban “siete lenguas o siete diferencias de lenguas, y son las que siguen: pinutl o pinome, cuachicanuquia, guacnuquia, cuarinuquia, iruzanuquia, naarinuquia y neuxinuquia”. No obstante, la primera era la más extendida y se hablaba también en otros pueblos costeros como Omitlán y Sentispac, e incluso, apunta: “esta mesma dicen que es la de los coras y coanos y hauynamotecos”; es decir, los grupos de la sierra. Sin embargo, en ningún lado señala cuál era el gentilicio de los grupos costeños.

Entonces, ¿quién vivia en Mazatlán?

Entre 1604 y 1608 el obispo de Guadalajara, Alonso de la Mota y Escobar, visitó todas las regiones de su vasta jurisdicción: Nueva Galicia, Nueva Vizcaya y Nuevo León. Hacia 1605 estuvo en lo que ahora es la costa del sur de Sinaloa y nos dejó información sobre las actividades económicas principales, destacando la práctica de la pesca, la extracción de sal y la minería, y aunque nos señala los nombres de varias poblaciones de indios como Mataren [Palmillas], Ahuchen [¿La Campana?] Ichcuinapa, Chiametla y Mazatlán, en ningún lado refiere a la lengua ni el gentilicio de sus habitantes, lo que es de llamar la atención, pues a los grupos serranos sí se refiere por su nombre, como los coras arriba de Sentíspac o cuando visita el pueblo de Quihuiquintla [Quiviquinta], arriba de Huajicori, destca que son “de nascion Jepehuana [tepehuana].

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Mapa donde se enfatiza a los tepehuanes.

De particular interés, sin embargo, es su referencia a la parte baja de la sierra en el sur de Sinaloa. Ahí, dice: “corren despoblados comúnmente buscando caza y pesca una nación de yndios bárbaros que llaman de Tepustla los quales están rancheados en las serranías que quedan atrás en las comarcas de las minas de Maloya, Copala y Pánuco”. En la actualidad, la población de Tepuxta se localiza en la margen oriente del río Presidio, enfrente de El Recodo, donde apenas comienza la serranía.

Apenas unos cuantos años después, en 1621, visitó la región Lázaro de Arregui, y en su Descripción de la Nueva Galicia, no repara en los tepustlas, ni mucho menos hace mención del gentilicio de los indios costeños del sur de Sinaloa o norte de Nayarit, lo que resulta, por decir algo, curioso, ya que para las zonas vecinas es muy elocuente en este sentido.

Al igual que la Mota y Escobar, habla de los coras y tepehuanos en la sierra de Nayarit; aunque para la sierra del sur de Sinaloa el único nombre que da es el de xiximes. En la sierra del centro señala a los acaxees y para la costa central de Sinaloa reconoce tres naciones: los pacaxes o capaxes entre el río Piaxtla y la zona entre los ríos San Lorenzo Y Culiacán; los tahues en la confluencia de los tres ríos y los tebaca en el río humaya.

De tal modo, parecería que los antiguos habitantes de la costa del sur de Sinaloa y norte de Nayarit no tenían un nombre que los distinguiera de las demás “naciones”. Incluso en los propios mapas de los siglos XVI y XVII; mientras se indican con cierta claridad los territorios de tepehuanos y coras, para la llanura costera y las marismas solo se marcan los nombres de los ríos y algunos poblados.

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Mapa de la Nueva España y Nueva Galicia.

La nación Totorame

Sin embargo, el fraile franciscano Antonio Arias y Saavedra, quien estuvo en el convento de Acaponeta entre 1657 y 1673, en su informe “…acerca del estado de la sierra del Nayar y sobre culto idolátrico, gobierno y costumbres primitivas de los coras”, es quien señala con mayor detalle a quienes habitaban la región sur de Sinaloa y norte de Nayarit.

Nos dice que había al menos seis naciones, lo que ahora llamaríamos grupos étnicos. Estos eran: Choras, Tzanames, Xamucas o huitzoles, tepeguanes, caponetas que llaman vigitecos y totorames. Los tres primeros vivían en las partes altas de la sierra; mientras que tepehuanes y vigitecos habitaban la parte media y baja. De los totorame, vale la pena insertar una larga cita. Dice Arias y Saavedra:

“La nación Totorame vive a las orillas del mar y algunos en isletas, a quienes llaman Themuretes que quiere decir ‘Zapos’, estos son pescadores y salineros. Después de la nación Chora esta es la mayor que empieza desde la provincia de Chametla y hasta la provincia de Maloya Reino de la Vizcaya y llega hasta un pueblo de la doctrina de Xalisco que llaman Autlán que habrá de una parte a otra sesenta leguas antes más que menos”.

Una legua de superficie en el siglo XVII Novohispano equivalía a 4.19 kilómetros, por lo que el territorio totorame se extendería por más de 250 kilómetros. El pueblo de Autlán se localiza en las márgenes del río Santiago. Entre el río Santiago y el río Quelite la distancia aproximada es de 250 kilómetros o sesenta leguas. Este sería pues, el territorio totorame. ¿Era necesario haber vivido entre ellos para reconocer el nombre que se daban a sí mismos?

Así, más de 140 años de consumada la conquista de la región se da la primera mención del nombre con que se conocía a los habitantes de la costa. Por convención, en la actualidad se les reconoce con ese nombre –aunque también se le hubiera podido llamar pinomes o pinutes, de acuerdo con el idioma que hablaban, según Antonio de Ciudad Real–.

Las fronteras del territorio totorame se han extendido hasta el río Piaxtla, pero en realidad éste era el límite entre las provincias novohispanas de Chametla y Culiacán; pero ello será abordado en una colaboración futura…

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Luis Alfonso Grave Tirado es arqueólogo por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), maestro y doctor en Estudios Mesoamericanos por la UNAM. Investigador del INAH Sinaloa en el Museo Arqueológico de Mazatlán. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Desde 1998 realiza trabajos de investigación arqueológica en el sur de Sinaloa donde ha dirigido más de 15 proyectos de investigación. En la actualidad coordina el Proyecto Arqueológico Sur de Sinaloa.

2 COMENTARIOS

  1. Le faltó incluir datos de la Crónica Miscelánea del padre Tello, ahí cuenta con detalles los motivos de la desaparición de los pobladores de Mazatlán y Espíritu santo.

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