Un sitio arqueológico es cualquier lugar que contenga vestigios materiales de actividades humanas en el pasado, por lo que puede ser desde las ruinas de una ciudad con templos, palacios, mercados, calzadas y por supuesto casas, hasta solo una herramienta de piedra aislada en el desierto o la serranía, pasando por cuevas habitadas unos cuantos días por un grupo de cazadores o una roca en la cima de un cerro o a la orilla de un río o el mar con una inscripción.

El arte rupestre o manifestaciones gráfico rupestres (rupestre proviene del latín rupes: “roca”), son los rastros de actividades humanas que fueron pintadas o grabadas sobre cualquier soporte rocoso o bien en diseños elaborados con rocas sobre el suelo

Las pinturas rupestres son figuras pintadas directamente en la superficie rocosa por medio de pigmentos de varios colores, aunque predominan el rojo, el amarillo, el negro y el blanco. Por lo general se encuentran en cuevas o abrigos rocosos, o son éstas las que se han conservado, pues se encuentran relativamente protegidas.

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Pintura rupestre en un abrigo rocoso en la sierra de San Ignacio, Sinaloa. Foto: cortesía.

Los petrograbados o petroglifos (del griego petros: “piedra” y griphein: “grabar”), son las imágenes grabadas en la roca a través de la remoción de material de la superficie rocosa con un instrumento de una dureza superior, por medio de tres técnicas básicas: percusión, incisión o rayado y abrasión (ver infografía en: https://www.inah.gob.mx/pdf/9781). Hay también algunos en cuevas, pero la gran mayoría están en espacios abiertos.

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Petrograbados a orillas de una poza. La Noria, Mazatlán, Sinaloa. Foto: cortesía.

Están también los llamados geoglifos que se elaboran sobre la superficie del suelo alineando rocas para formar figuras normalmente visibles desde distancias lejanas. Normalmente están en zonas desérticas, siendo los más famosos los de Nazca, Perú; aunque hay algunos en Sonora, pero en Sinaloa no se han reportado.

Una visión del mundo

El arte rupestre se encuentra en prácticamente todo el mundo y, contrariamente a la creencia generalizada, no es exclusivo de grupos nómadas o con un desarrollo cultural limitado o “primitivo”, sino que es un vehículo, al igual que muchos otros, como la escultura, la cerámica, la escritura, que el ser humano ha utilizado profusamente para expresar su visión del mundo.

Éste se encuentra en sociedades de muy diversa índole y no siempre están en el ámbito rural, ya que en ocasiones están asociados a arquitectura. Por ejemplo, en Tzintzuntzan, la capital del imperio tarasco o purépecha, uno de los pocos grupos capaces de enfrentar con éxito el poderío mexica en el Posclásico tardío, se han registrado al menos 110 petrograbados en las fachadas de las yácatas, sus templos y edificios representativos, y más de 600 desperdigados por el sitio.

En el mismo Templo Mayor de los mexicas o aztecas hay también algunos de estos elementos. O, para poner un ejemplo más cercano tanto espacial como culturalmente a nuestra zona de estudio, en Coamiles, Nayarit, se encuentran asociadas 49 piedras con grabados con las más de 40 estructuras arquitectónicas que conforman el asentamiento, algunas de ellas de carácter cívico ceremonial.

La existencia de petrograbados no es pues evidencia por sí de grupos pequeños y con movilidad espacial; ni entra, por supuesto, en contradicción con la presencia de cerámica de gran calidad o incluso códices. Son solo vehículos distintos a través de los cuales se transmitían los mismos mensajes.

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Petrograbados de San Ramón, en el centro de Sinaloa (según Ortiz de Zárate, 1976).

Por otro lado, las manifestaciones gráfico rupestres registradas hasta ahora en el sur de Sinaloa parecen corresponder a una misma tradición cultural que se extiende sobre la mitad sur de los estados de Sinaloa y Durango y al menos la parte norte del estado de Nayarit y el poniente de Zacatecas. En efecto, los diseños del arte rupestre que se ha localizado en la extensa franja que va desde por lo menos el río San Lorenzo, en el centro de Sinaloa, hasta el río Santiago, en el centro de Nayarit, son prácticamente idénticos, y además tiene importantes similitudes incluso con los del norte de Zacatecas y con los de la región del valle de Banderas, en los límites entre Nayarit y Jalisco.

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La Pila de los Monos. Petrograbados en el norte de Nayarit (Dibujo cortesía de Francisco Samaniega).

Sur de Sinaloa

En el sur de Sinaloa las manifestaciones gráfico rupestres, y en particular los petrograbados son abundantes. Se tiene noticia de más de 50 sitios con estos elementos, los cuales se ubican desde las partes altas de la sierra hasta la orilla del mar, e incluso en las islas. La mayor parte se encuentran asociados a un cuerpo de agua permanente (alguno de los once ríos, el mar, las marismas, antiguas lagunas) o a arroyos de corriente estacional; pero se han localizado también en las cimas de cerros que destacan en el paisaje.

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Grabados en un pequeño acantilado a orillas del mar. Foto: cortesía.

Los sitios van desde un solo motivo grabado en una piedra aislada o en la pared de una cueva hasta enormes complejos de más de 300 piedras como Las Labradas. Aunque los más comunes se integran por un conjunto de rocas con diseños varios, en ocasiones en paneles con escenas míticas y/o rituales.

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Grabado con la posible representación de una ceremonia. Foto: cortesía.

Fueron elaborados por todos los grupos humanos que se asentaron en Sinaloa antes de la llegada de los europeos. Son, al igual que el resto de los materiales arqueológicos, muy importantes para poder discernir los procesos que ocurrieron en la antigüedad y que, en cierta medida, dieron origen al Sinaloa actual.

Piedra con la representación del sol y un cometa (Nótese que ha sido objeto de vandalismo). Foto: cortesía.

Se han identificado más de 20 diseños recurrentes: pocitos o cúpulas; espirales, vulvas femeninas, círculos concéntricos, soles, cruces, figuras antropomorfas, cuadrángulos, cuadrúpedos, lagartos, alacranes, corazones, medias lunas, aspas, escaleras, falos, estrellas o cometas, series de puntos, series de rayas. no identificados); siendo los más comunes los 10 primeros.

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Piedra con pocitos o morteros en las cercanías de Chametla. Foto: cortesía.

Sin embargo, estos no tienen un significado único, ni siquiera individualmente y mucho menos en conjunto con los otros grabados, por lo que cada roca o cada conjunto tienen una multiplicidad de interpretaciones que se derivan de la interrelación de los signos entre ellos y en relación con el paisaje. Para acercarnos a su comprensión debemos tomar en cuenta todas estas características y aun así solo sería un breve acercamiento a su significado.

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Piedra con grabados a la orilla de un río. Foto: cortesía.

Para “leerlos” tendrías que ser un especialista religioso; pues funcionaban como una especie de guion que, dependiendo del mito que se estuviera narrando o el ritual que se estuviera ejecutando, el sacerdote, le adjudicaría el significado a cada uno de los símbolos. De forma similar eran utilizados los códices y posiblemente las vasijas Aztatlán.

De este modo, podemos considerar a las piedras grabadas del sur de Sinaloa como nierika, para usar un concepto huichol; es decir, como puertas para la comunicación entre “el aquí y ahora” con “el allá y entonces”, entre el mundo profano y el mundo sagrado.

Grabado con la representación de Tláloc o su equivalente en la región (Fue cubierto con pintura blanca). Foto: cortesía.

El arte rupestre ha permanecido durante siglos, y a veces milenios, en el lugar original donde fue realizado. Sin embargo, el hecho de encontrarse al aire libre y muchas veces en parajes recónditos, lo dejan expuesto al deterioro causado por las condiciones ambientales, pero también, y lamentablemente, en no pocas ocasiones a los actos de vandalismo o incluso al saqueo y destrucción total.

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Petrograbados “retocados» con pintura blanca en La Noria, Mazatlán. Foto: cortesía.

Solo a través del conocimiento del patrimonio cultural podemos obtener conciencia de lo importante que es su preservación. Es un derecho y un deber de todos nosotros el velar por su conservación.

Para leer más: Luis Alfonso Grave Tirado, “El arte rupestre como Nierika. La analogía etnográfica como herramienta heurística en el sur de Sinaloa, México”. en Cuadernos de Arte Prehistórico Núm. 9. Enero-junio de 2020, pp. 160-205. Disponible en: https://www.cuadernosdearteprehistorico.com/index.php/cdap/article/view/79


Las Labradas
Las Labradas, ubicadas en el municipio de San Ignacio, Sinaloa. Foto: INAH
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Petrograbados ubicados en la sindicatura de La Noria, Mazatlán, Sinaloa (fueron retocados con pintura blanca). Foto: Son Playas.

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Luis Alfonso Grave Tirado es arqueólogo por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), maestro y doctor en Estudios Mesoamericanos por la UNAM. Investigador del INAH Sinaloa en el Museo Arqueológico de Mazatlán. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Desde 1998 realiza trabajos de investigación arqueológica en el sur de Sinaloa donde ha dirigido más de 15 proyectos de investigación. En la actualidad coordina el Proyecto Arqueológico Sur de Sinaloa.