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    Bahía de San Quintín, donde los volcanes y su costa se protegen a diario

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    Mediante la recaudación de fondos y donaciones, una organización civil compró predios para destinarlos voluntariamente a la conservación y proteger a los humedales de la expansión de proyectos agrícolas e inmobiliarios en Baja California. Desde entonces, la flora y fauna muestra signos de recuperación. Este artículo fue producido con el apoyo de Earth Journalism Network de Internews.

    Texto: Víctor R. Rodríguez

    David Alonso Andazola, guardaparques en jefe de las Reservas Naturales de Punta Mazo y Monte Ceniza en Bahía de San Quintín, México, observa con serenidad las colinas arenosas que separan a la playa de La Chorera, de los humedales El Arco, en el punto norte de Bahía Falsa.

    Entrar a la Reserva Natural de Punta Mazo, una barra de humedales y tierra volcánica donde merodean aves como el chorlito nevado (Charadrius nivosus), el cuitlacoche californiano (Toxosloma redivivum) y la pardela mexicana (Puffinus opisthomelas), requiere transitar por la playa La Chorera, un sitio popular entre locales el cual suelen visitar durante los fines de semana. Un lugar con poca vigilancia policial donde las reglas sobre el tipo de convivencia es ambiguo: lo mismo hay campamentos con familias que jóvenes que beben cerveza y manejan sus carros 4×4 a toda velocidad.

    “Hay personas que no respetan la señalética e ingresan en sus carros todoterreno dentro del área de protección. Nos vemos obligados a alcanzarlos y explicarles amablemente que no pueden hacer esa actividad y los invitamos a salir del lugar”, explica el guardaparques.

    San Quintín
    Guardaparques haciendo labores en la Reserva de Punta Mazo. Foto: cortesía.

    Un equipo de 5 guardaparques que labora en la organización civil Terra Peninsular se encarga de vigilar un área de 1633 hectáreas que suman las reservas de Punta Mazo y Monte Ceniza en Bahía de San Quintín. Además de vigilancia, los guardaparques apoyan con el mantenimiento de caminos y senderos, recolección de basura e informar las reglas del lugar a los turistas que llegan a las reservas naturales.

    La sola existencia de esta lengüeta arenosa —La Chorera— es el resultado de la extracción imparable, desde 2019, de piedra bola de mano de personas que sin permiso gubernamental la colocaron en el mercado de la decoración de exteriores y la construcción. Los guardaparques, limitados en su actuar a los terrenos privados que sirven de reservas naturales, sólo les queda denunciar ante las autoridades lo que sucede fuera de su jurisdicción. Debido a la poca vigilancia y control de las autoridades, esta playa que colinda con la entrada de la Reserva de Punta Mazo fue totalmente desprovista del material pétreo que ahí existió.

    La extracción de piedra frente a la reserva de Punta Mazo se suma a una lista de conflictos ambientales en la región como la calidad del agua en las bahías, el desarrollo urbano, el desmonte de terrenos para la agricultura, el uso recreativo de vehículos todoterreno, el saqueo ilegal de suelo volcánico, los impactos por la falta de recolección de basura y conflictos territoriales en algunos puntos donde las reservas naturales colindan con las concesiones de la Zona Federal Marítimo Terrestre (ZOFEMAT); una figura federal de uso del suelo que controla las zonas de mareas en toda la costa mexicana.

    Estos conflictos, consecuencia inevitable de un ecosistema en contacto con la actividad humana, le parecen a César Guerrero, director ejecutivo de Terra Peninsular, una oportunidad para fortalecer el diálogo y defender una herramienta de conservación del suelo que ofrece protección a la biodiversidad y beneficios económicos por igual. Explica que un ecosistema costero saludable permite que los nutrientes y el agua saludable fluyan por las bahías, un aspecto clave para la actividad acuícola y el crecimiento de pastos marinos, lo que garantiza una fuente de alimento para la branta negra.

    “La industria del cultivo de ostras es el mejor aliado de la conservación, ya que necesita aguas limpias y una bahía saludable para producir ostras de calidad”, dice el director.

    San Quintín
    Extracción de piedra bola en 2016 . Foto: Terra Peninsular A.C.
    Bahía de San Quintín
    Extracción de piedra bola en 2019 . Foto: Terra Peninsular A.C

    Granjas ostrícolas vs desarrollo inmobiliario

    Bahía de San Quintín es un municipio extenso con poca infraestructura pública. Se encuentra 284 kilómetros al sur de Tijuana, lejos del ajetreo económico y el auge inmobiliario que caracteriza a la metrópoli fronteriza. Contrario al frenesí superpoblado de Tijuana, Bahía de San Quintín es una localidad de perfil agrícola y pesquero con apenas 117,568 habitantes, según el censo federal de 2020.

    La agricultura, que genera 11.460 millones de pesos al año (574 millones USD), según datos de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), es una de tantas amenazas a la flora local en la medida que se expande y despeja terrenos para aumentar su área de trabajo. Sin embargo, la certificación de tierras que reciben las áreas naturales protegidas les impide ser cultivadas.

    En tanto, la industria ostrícola (especializada en Crassostrea gigas y Crassostrea sikamea), genera anualmente 35 millones de pesos (1 millón 755 USD), según datos de la Secretaría de Pesca y Acuicultura de Baja California.

    Dado que la acuicultura es tan importante para la economía de Bahía de San Quintín, los productores de ostras tenían dudas sobre los impactos de un megaproyecto inmobiliario, Cabo San Quintín, en 1999. Diseñado como un complejo turístico alrededor de los volcanes y la costa de Punta Mazo, incluía un lujoso hotel, campo de golf, puerto deportivo y centro comercial.

    “Las ostras son demasiado frágiles. No estoy a favor de las aguas residuales de los hoteles ni de las desaladoras en la bahía. Este tipo de proyecto [de desarrollo] no me trae ningún beneficio”, dice Cristóbal Murillo, ostricultor con 23 años de experiencia.

    Granjas ostrícolas requieren de agua de calidad para mantener producción. Foto: Ricardo Domínguez

    Murillo —como todos los ostricultores— requiere de agua de buena calidad para mantener el ritmo de producción de su granja. El año pasado, Murillo registró 60.000 docenas de ostiones que vendió en Ensenada, Tijuana y Mexicali, las principales ciudades de Baja California.

    Si bien el desarrollo inmobiliario no continuó por problemas financieros internos, el riesgo latente de que surgieran nuevos proyectos impulsó la fundación de la asociación civil ambientalista Terra Peninsular en 2001. “Después de analizar cuidadosamente los cursos de acción, los miembros determinaron que para establecer un modelo de conservación duradero en el sitio, era necesario convertirnos en propietarios de la tierra”, dijo Guerrero.

    Comprar el terreno, la mejor forma de proteger la biodiversidad de San Quintín

    El grupo conservacionista centró su atención en una herramienta de conservación que implica la adquisición de terrenos para luego certificarlos como Área Destinada Voluntariamente a la Conservación (ADVC), la mejor opción disponible cuando el terreno que buscaban proteger ya tenía dueño.

    “Este modelo de conservación permite a ciudadanos, organizaciones civiles o grupos indígenas destinar tierras de su dominio a la conservación. Es una excelente herramienta que ha impulsado el gobierno para ampliar el territorio protegido a nivel nacional”, explica Susana Alfaro, enlace de turismo de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP).

    Lo cierto es que el reto inherente a esta herramienta de conservación de tierras está en la obtención del título de propiedad. Si los propietarios no están abiertos a la idea de utilizar sus tierras para la conservación, la única opción disponible es comprar la tierra y certificarla ante las instituciones ambientales. Oficialmente, el gobierno mexicano ha aprobado 384 ADVC, un modelo que ha agregado 631,743 hectáreas de tierra protegida.

    Luego de recaudar fondos de fundaciones internacionales y donaciones, en 2012 la organización civil completó la compra de 830 hectáreas de costa de lo que sería la Reserva Natural Punta Mazo. Cuatro años después, en 2016, adquirieron otras 803 hectáreas para la creación de la Reserva Natural Monte Ceniza.

    San Quintín
    Volcanes y costa protegidos por una herramienta de conservación de suelo. Foto: Alejandro Arias T.

    Los títulos de propiedad de los terrenos fueron presentados a la CONANP para obtener la certificación de cada uno como ADVC. La aprobación, otorgada únicamente por esta agencia ambiental federal, dio a los terrenos privados un estatus de protección ambiental con respaldo legal. La certificación de tierras también ofrece a los propietarios la oportunidad de crear alianzas con el gobierno y fundaciones internacionales para nuevas oportunidades de financiamiento, así como con otras organizaciones civiles y la academia para apoyo técnico.

    La Reserva Natural Punta Mazo recibió el certificado CONANP-379/2014, mientras que la Reserva Natural Monte Ceniza fue certificada con el folio CONANP-407/2017. Cuatro años después nació la tercera área de conservación, la ADVC San Quintín, ubicada al norte de Monte Ceniza, certificada con folio CONANP-468/2021, bajo la custodia del gobierno de Baja California.

    Este innovador modelo de protección territorial ayudó a frenar la expansión de proyectos agrícolas e inmobiliarios en las reservas. Al proteger los hábitats terrestres de San Quintín y custodiar casi toda la costa frente a Bahía Falsa, protegió la integridad de la línea costera y, por lo tanto, la calidad del agua para los ostricultores y el crecimiento de los pastos marinos, una planta acuática que constituye la dieta de un invitado especial: la branta negra.

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    ADVC
    Humedales sirven de hábitat para peces y aves migratorias. Foto: Alejandro Arias.

    Provincia invernal de la branta negra

    Bahía de San Quintín, conocida por las caprichosas curvas de sus humedales y su complejo de 10 volcanes extintos, está formada por planicies costeras y dos lagunas —Bahía San Quintín y Bahía Falsa— donde convergen una variedad de hábitats que la hacen altamente biodiversa.

    Sula Vanderplank, investigadora asociada del Centro de Investigación Científica y Educación Superior de Ensenada (CICESE) y la Universidad Estatal de San Diego, explica por qué esta región es de especial interés para los conservacionistas, al ser parte de la Provincia Florística de California, considerada un hotspot debido a que alberga una gran diversidad de especies vegetales, como la siempreviva (Dudleya anthonyi), el alicoche de Ensenada (Echinocereus maritimus) y Leptosiphon laxus.

    “San Quintín está ubicado en un ecotono o punto de transición entre dos ecosistemas, entonces hay una enorme riqueza natural. Es un espacio donde conviven plantas que se han adaptado a climas mediterráneos con otras de ambientes desérticos creando una mezcla única”, explica Vanderplank, botánica experta en vegetación del noroeste de México, quien durante años ha estudiado las especies de flora de esta región de la península de Baja California.

    “Aquí hay un pico de endemismo local, es decir, hay plantas restringidas a este lugar”, dice Vanderplank. Actualmente existe un registro de 435 especies de plantas, siendo 357 plantas nativas y 67 endémicas, que viven dentro y fuera de las reservas naturales de la Bahía de San Quintín, según la cuenta Vanderplank en su artículo científico “La Flora del Gran San Quintín, Baja California.»

    Bahía de San Quintín.
    Hotspot de biodiversidad de plantas en Bahía de San Quintín. Foto: cortesía.
    flora endémica
    Dudleya anthonyi, planta suculenta rosetófila endémica de Bahía de San Quintín. Foto: cortesía.

    A este importante registro biológico, se debe agregar que ambas reservas —Punta Mazo y Monte Ceniza— se encuentran dentro del sitio Ramsar número 1775, considerados humedales de importancia internacional y por lo tanto protegidos por la legislación mexicana. Este rico ecosistema costero es particularmente conocido por recibir aves migratorias como la branta negra (Branta bernicla) y el chorlito nevado (Charadrius nivosus).

    Además de 100 especies de aves residentes y migratorias, Bahía de San Quintín alberga 18 especies de mamíferos, 13 de reptiles y 64 de peces, según datos de Terra Peninsular. Especies como la rata canguro (Dipodomys gravipes), el gorrión sabanero (Passerculus sandwichensis beldingi), el chorlito nevado (Charadrius nivosus) y el águila real (Aquila chrysaetos) son especies en peligro de extinción protegidas por la NOM-059-SEMARNAT, la ley ambiental mexicana.

    “San Quintín es una joya. Los humedales, las praderas de pastos marinos, las dunas y las marismas se conectan con las corrientes oceánicas para crear un espacio rico en nutrientes. No en vano, la branta negra llega en bandadas desde el hemisferio norte a este lugar durante la temporada de invierno”, dice Guerrero.

    Con un pico poblacional récord de 24.000 ejemplares, la branta negra cubre un recorrido de 4.500 kilómetros, desde el Ártico hasta Baja California. Las aves permanecen en el interior de las bahías, de noviembre a abril, gracias a la existencia de pastos marinos (Zostera marina), su principal fuente de alimento que cubre el 46% de la superficie de la bahía. “La sola presencia de estas aves todos los años sirve como indicador de salud costera”, dice Eduardo Palacios Castro, investigador del Centro de Investigaciones Científicas y de Estudios Superiores (CICESE) especializado en ecología de la conservación de aves.

    “Además de su valor natural, la branta negra ofrece oportunidades económicas sostenibles para la comunidad de San Quintín, tanto en el aspecto ecoturístico, a través de la observación de aves, como en actividades de caza deportiva”, dice el investigador.

    Branta negra
    Branta negra (Branta bernicla). Foto: Alan Harper.

    René Duarte, odontólogo local y miembro del grupo de Servicios Turísticos y Pesca Comercial Los Volcanes, que administra la Unidad de Manejo Ambiental (PPF) de la Propiedad Federal de la Bahía de San Quintín, es un fuerte promotor de la caza deportiva, práctica que ofrece ingresos extras durante el invierno.

    Dicho grupo coopera activamente con científicos como Eduardo Palacios en el programa de monitoreo de la branta negra y con organismos gubernamentales como la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). “Cada temporada, la Semarnat nos comparte las tasas de caza permitidas. Cada persona puede cazar solo tres animales por permiso. Y nosotros somos responsables de cómo se lleva a cabo la actividad para mantener la especie. Solo hay salidas de caza los fines de semana y durante las seis horas de marea alta para estresar lo menos posible a la población de aves”, apunta el empresario.

    Con una clientela mayoritariamente proveniente de Estados Unidos y Canadá, el precio por salida de caza deportiva es de 4.500 pesos (225 USD). En la temporada 2021, con un récord de 100 personas visitando durante la temporada de caza, significó un ingreso de 450.000 pesos (22.565 USD) a la comunidad. Este exitoso modelo de explotación sostenible de la branta negra conlleva una serie de obligaciones. Para mantener las actividades de caza, el grupo debe realizar actividades de sensibilización en las escuelas locales, campañas de limpieza de playas y participar como vigilantes auxiliares en la zona.

    “Hace años hubo algunos casos de cazadores ilegales, la mayoría locales, pero gracias a nuestra relación con la comunidad, en colaboración con la policía municipal, pudimos detenerlos. El año pasado solo tuvimos un caso de caza ilegal. Conocíamos al tipo, así que hablamos con él y nos prometió que no lo volvería a hacer”, dijo Duarte.

    El regreso de la naturaleza en San Quintín

    Veinte años después de que se realizara el primer monitoreo de especies en 2002, un nuevo estudio realizado por científicos del Centro de Investigaciones Científicas y Estudios Superiores de Ensenada (CICESE), la Universidad Autónoma de Baja California, el Museo Natural de San Diego y la Universidad de Idaho reveló una importante recuperación de la rata canguro (Dipodomys gravipes), que se consideraba extinta en Bahía de San Quintín desde 1986. El redescubrimiento de la especie permitió a los científicos especular que seguramente otras conectados en la cadena alimentaria, tanto plantas como animales, comenzarán a mejorar sus números gracias a la recuperación de los hábitats dentro de las reservas.

    Recuperación de la rata canguro en San Quintin. Foto: Jonathan Villarreal

    Mientras tanto, los chorlitos nevados corren en grupos por las playas de arena de Punta Mazo. Un lugar donde la actividad humana es mínima, ha permitido que estas aves crezcan en número y convivan ajenas al enorme esfuerzo por mantener intacto su hábitat. “La población de chorlitos nevados en Bahía de San Quintín es la más estable de Baja California, por lo que es la más importante de toda la península”, dice Eduardo Palacios Castro.

    Castro no tiene duda de que el modelo de conservación territorial, apoyado de herramientas públicas y privadas, ha motivado la protección de los hábitats costeros y lugares de anidación del chorlito nevado y el charrán mínimo. “El proyecto de conservación ha dado un respaldo legal importante para que no haya impactos indeseables en la zona; manteniendo el hábitat no solo sobreviven las aves, sino toda la biodiversidad”, concluye el experto.

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    San Quintín
    Población abundante de chorlito nevado en San Quintín. Foto: Jonathan Vargas
    playero blanco
    Playero blanco. Foto: Jonathan Vargas.

    Otras voces se suman para explicar los beneficios que las reservas naturales ofrecen a la biodiversidad local. El hecho de que las poblaciones de flora y fauna se mantengan estables en Bahía de San Quintín, o al menos dentro de Punta Mazo y Monte Ceniza, para Sula Vanderlplank es un reflejo de la resiliencia del ecosistema, es decir, de la propiedad para adaptarse a los cambios en el entorno. “La resiliencia está en la presencia de la especie, incluso cuando hay intervención humana. Siguen ahí, a pesar de todo”, explica el botánico.

    Terra Peninsular mantiene un activo programa anual con hombres y mujeres de Bahía de San Quintín para consolidar la protección del entorno natural a largo plazo. Programas de contratación temporal para la elaboración de rutas de senderismo, capacitación a grupos de vigilancia comunitaria, talleres a microempresarios de servicios turísticos, son algunas de las acciones implementadas a lo largo del año.

    Miembros de la comunidad como Francisco Murillo, de 17 años, se mantiene optimista sobre el trabajo que se está realizando en la zona. “He sido voluntario en el monitoreo de branta negra y limpieza de playas desde que tenía 12 años. Este lugar fue un patio de recreo en mi infancia, los volcanes y las playas, y quiero que se quede así por muchos años más”, dice.

    A pesar de los avances, proteger los ecosistemas costeros de la Bahía de San Quintín conlleva una lucha diaria. Aquí, el trabajo no acaba, y eso parece ser el mejor incentivo para continuar. “Es un lugar que merece ser preservado; humedales, dunas y actividades productivas como el cultivo de ostras pueden convivir de manera sostenible”, dice confiado César Guerrero.

    Pronto llegará el otoño y con esta estación comenzará la prometida llegada de la branta negra para alimentarse de los pastos marinos. Cae la noche sobre Bahía de San Quintín, ahora sin ostricultores ni turistas. Todo se mece suavemente, casi en silencio. Sólo queda el canto de la fauna nocturna que corre entre los matorrales costeros en su danza de supervivencia, y la presencia vigilante de los guardaparques de Punta Mazo y Monte Ceniza que, estoicos como volcanes, no cesan de velar por esta importante ciudad mexicana. santuario natural.


    Reserva de Punta Mazo
    Reserva de Punta Mazo y Monte Ceniza son Área Destinada Voluntariamente a la Conservación (ADVC)- Foto: Laura Tamayo
    San Quintín
    Costa de Bahía de San Quintín. Foto: Alejandro Arias.

    Este artículo fue producido con el apoyo de Earth Journalism Network de Internews.

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    Víctor R. Rodríguez
    Víctor R. Rodríguez
    Periodista cachanilla, amante del desierto, con más de 10 años de trabajo enfocado en temas de medio ambiente, turismo y gastronomía. Ha colaborado en medios como Playboy México, Vice Latinoamérica, Open, Ocean Room, WIF, y se suma como pluma invitada de Son Playas. Insta: LosViajados