Al principio el objetivo fue reciclar la ropa para reducir el impacto medioambiental que se genera durante los procesos industriales de su fabricación; pero hoy, la iniciativa de una joven mazatleca se ha convertido en una propuesta de consumo sustentable para la vida cotidiana.

Grecia Patricia Ramírez Ochoa se decidió a darle una segunda oportunidad a la ropa usada, pues para su fabricación se utilizan tintes, sustancias químicas y embalajes, además de grandes cantidades de agua y energía. Pero además, el proceso genera una serie de vertidos y desechos contaminantes.

Cuando Grecia empezó a vender las prendas bajo el concepto vintage, otras mujeres jóvenes de la localidad se unieron al proyecto; así fue como nació Bazar Central. La primera edición se realizó en abril de 2019 y desde entonces se realiza cada mes en la calle Libertad 405, Centro Histórico de Mazatlán.

Gracias a la promoción en redes sociales, otras propuestas de consumo sustentable se empezaron a sumar al proyecto, de manera que las opciones abarcan ropa, calzado, accesorios, alimentos, plantas, cosméticos y objetos decorativos elaborados de forma artesanal, entro otros productos.

“Todos los productos que se ofrecen deben cumplir con el mismo criterio de sustentabilidad”, señaló Grecia, quien cerrará el año con ocho bazares y un trueque de ropa organizados por ella.

Prendas usadas vs “fast fashion”

La industria de la moda comercializa grandes volúmenes de prendas bajo el concepto de “fast fashion” o “moda rápida”, que se caracteriza por ser de consumo masivo, a precios accesibles y para desecharse en poco tiempo.

En este contexto, la ropa con cierta antigüedad, en buenas condiciones y hechas con materias primas de calidad, son una opción al consumismo acelerado de la industria textil.  

El concepto “vintage”, es uno de los más populares, al tratarse de prendas elaboradas  con al menos 20 años de existencia con características que marcaron una época.

Por otro lado se encuentran las prendas de segunda mano, que se caracterizan por ser ropa contemporánea previamente utilizada por una o más personas.

Al margen del aspecto sustentable que implica el reúso de estas piezas, también han ganado popularidad entre las nuevas generaciones de jóvenes que quieren tener su propio estilo y verse diferente a los demás, explicó aparte Denisse Hernández, una de las primeras participantes de Bazar Central y cuyo negocio se llama Magic Bazart.

“Ya no vas a la moda, vas en busca de un estilo”, apuntó.

De esa forma, las prendas de las generaciones pasadas empiezan a salir de los armarios o baúles en los que han estado guardados durante años, o bien, se buscan en bazares y mercados de diferentes ciudades del país.

El costo ambiental de estar a la moda

De acuerdo con la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), la industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo, pues cada año utiliza 93 mil millones de metros cúbicos de agua, un volumen suficiente para satisfacer las necesidades de cinco millones de personas.

Sus desechos también son altamente contaminantes, por ejemplo, cada año se tiran al mar medio millón de toneladas de microfibra, lo que equivale a 3 millones de barriles de petróleo.

“Además, la industria de la moda produce más emisiones de carbono que todos los vuelos y envíos marítimos internacionales juntos, con las consecuencias que ello tiene en el cambio climático y el calentamiento global”, señala el informe presentado por la ONU en abril de este año.

Por fortuna, señala, numerosas compañías ya  empiezan a integrar los principios de sustentabilidad a sus estrategias de negocios mediante esquemas de recolección y reciclaje de ropa,  o fabricación de fibras textiles hechas a base de PET y otros materiales reciclados.

Fibras textiles sintéticas

La ropa se elabora con fibras naturales como el algodón, lana o seda, principalmente; mientras que las sintéticas, como el nylon, la lycra o el perlé o se fabrican con derivados del petróleo. Estos procesos químicos generan grandes emisiones de carbono, incluso mayores a las que se producen en todos los vuelos y envíos marítimos internacionales juntos, con las consecuencias que ello tiene en el cambio climático y el calentamiento global, según informes de la ONU. Por otro lado, el uso de fibras naturales a nivel industrial también implica el manejo de químicos, aunado a que se requiere de cultivos intensivos que por lo regular tienen un impacto en el suelo y en el medio ambiente en general.

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