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    Cuando el Carnaval de Mazatlán se suspendió por viruela

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    Las fiestas de Carnaval correspondientes a 1912 estaban programadas para llevarse a cabo desde el sábado 17 al martes 20 de febrero. El Comité del Carnaval y su presidente, el señor Guillermo Laveaga, andaban muy activos con los eventos preliminares de la fiesta.

    Cabe señalar que Laveaga había sido Rey de Carnaval en la edición de 1907 y en 1912 puso toda su experiencia al frente del Comité, recaudando fondos y cumpliendo de manera entusiasta con su labor. El sábado 13 de enero llevó a cabo su manifestación carnavalesca contando con el regocijo de la juventud que viajaban a bordo de algunas carretas jaladas por bestias y otros a bordo de automotores de gasolina. 

    En uno de los carromatos llevaban colgando al monigote del mal humor que sería incinerado, mientras que en la mayoría de los vehículos viajaba la alegría con el entusiasmo de los muchachos y las bellas muchachas vestidos con atuendos de fantasía. La manifestación, que estuvo amenizada por la música de papaquis, gritos, el estallido de cohetones y triques, terminó en la plazuela Machado, en cuyo kiosco tocaba serenata la banda del Octavo Batallón.

    Entre los asistentes apareció la señorita Alejandra Ramírez Urrea, reina electa del carnaval en el cómputo celebrado el 6 de enero. Claro, nos referimos a la misma Alejandra Ramírez que inspiró al compositor Enrique Mora para componer el Vals Alejandra, por encargo del joven Rafael Oropeza en 1907. En esta ocasión Alejandra se hizo presente en la plazuela Machado como reina; en su cortejo iban las señoritas Conde y Butchartd. 

    Pero el mal humor y la tragedia, enemigos poderosos de la alegría, no fueron debidamente conjurados; pues en Mazatlán de manera sorda y dolorosa se incubaba una terrible epidemia de viruela que empezaba a causar estragos entre la población de las rancherías cercanas al puerto y en las zonas marginales e insalubres de la ciudad.

    Así fue creciendo la presencia del mal y el  2 de febrero de 1912 la sesión extraordinaria del Ayuntamiento de Mazatlán tuvo como asunto único la discusión y aprobación de un punto de acuerdo, a propuesta de su primer regidor el Sr. Fernando Gregoire, para solicitar la suspensión de las fiestas de carnaval; petición basada en los incrementos de casos de viruela en las poblaciones circunvecinas, y en el entendido que la afluencia masiva de personas a la festividad traería como consecuencia la difusión de la enfermedad en la ciudad, ocasionando graves perjuicios a la salud y vidas de sus habitantes.

    La solicitud estaría sujeta a previa consulta con la Comisión de Higiene del Ayuntamiento y con el Prefecto Político, Ing. Jesús González Ortega, para en conjunto proponer la medida de suspensión al Comité de Carnaval.

    Claro es que el Comité del Carnaval tuvo sus reticencias y más en el momento en que se le solicitaba también que en apoyo al combate a la viruela se debían destinar los dineros reunidos para la fiesta. El Señor Guillermo Laveaga y el comité se negaron a tal solicitud argumentando que al pasar la epidemia ellos organizarían la fiesta, después del sábado de Gloria habiendo pasado la Cuaresma y los días de guardar.  No hubo celebración después y en la cronología carnavalera de más de 123 años de actividades el casillero correspondiente a 1912 aparece en blanco, y como no hubo coronación de la reina, la guapa Alejandra Ramírez no aparece como reina de aquel carnaval de la viruela.

    No solo el Comité de Carnaval tuvo sus protestas. La suspensión de la fiesta también fue cuestionada por el comercio que señalaba contar con existencias adquiridas para esos días; el público que ya había comprado u alquilado sus disfraces y a quienes aparecía como inconcebible que en esta ocasión por la viruela se suspendiera la fiesta, también elevaron su protesta.

    Claro es que los fondos municipales para enfrentar la crisis sanitaria eran insuficientes y la esperanza de que las autoridades estatales y del Ministerio de Salud del gobierno Federal ayudaran se veían muy lejanos. Pero el énfasis de los descontentos por la suspensión del carnaval era poner en entredicho la orden del Ayuntamiento y hasta se minimizaba la presencia de la epidemia en la ciudad.

    Sin embargo, al paso de los días del mes de febrero se incrementaron los casos de variolosos en la población y llegaban noticias muy tristes de poblaciones afectadas como la Mora Escarbada, El Quelite, La Noria, El Recodo, Villa Unión; y muy cerca de Mazatlán en El Conchi y Hacienda de Palmillas.

    Pero las medidas adoptadas por el Ayuntamiento tuvieron eficacia, pues a petición del presidente, la fiesta de carnaval tuvo que esperar para el año siguiente y realizarse en su tiempo señalado por la tradición en el calendario.

    Texto: Luis Antonio Martínez Peña

    Foto: Antiguo Paseo Olas Altas. Crédito: Facebook Barrio de Olas Altas.


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