Primera de dos partes

La costa no debe ser considerada solo como un espacio dotado de atributos, sino que se debe percibir como un espacio en donde se desarrollan problemas derivados de la intervención humana y las actividades económicas que se desarrollan en esta franja para poder planear su desarrollo sostenible.

La planificación y gestión integral de la costa es una necesidad urgente por los niveles de deterioro que se muestran en algunos sitios. Esta situación se debe al elevado número de personas que en ella habitamos y a la incompatibilidad que se manifiesta entre las numerosas actividades humanas que ahí se desarrollan.

La costa se caracteriza por la fragilidad y vulnerabilidad de sus ecosistemas y su biodiversidad, por la existencia de importantes hábitats críticos, valiosos recursos naturales y culturales. A pesar de su vulnerabilidad la usamos como:

  • Espacio de asentamientos humanos.
  • Soporte de instalaciones e infraestructura.
  • Emisor/receptor de vertidos.
  • Y como espacio para las actividades económicas: industria, transporte marítimo, acuicultura, agricultura, ganadería, pesca, ocio y turismo, entre las más destacadas.
Costa
Mazatlán, principal destino turístico de Sinaloa. Foto: Fly/Jorge Omar Peraza

Un espacio problema

Debido a que está integrada por sistemas abiertos, de estructura compleja, muy interrelacionados entre sí, extremadamente dinámicos y que no son fáciles de comprender, la costa se debe percibir no sólo como un espacio geográfico dotado de una serie de atributos en forma de recursos, se debe percibir también, y sobre todo, como un ESPACIO PROBLEMA, que obliga a abordarlo como un marco donde se desarrollan conflictos.

Por su complejidad y dificultad para ser cabalmente entendido, en el espacio costero se vuelve muy difícil prever las repercusiones que puede ocasionar cualquier intervención humana; hoy las consecuencias de las acciones emprendidas en el pasado, son inocultables.

“El espacio costero es escaso y deseado, con una intensidad de uso elevada y de tendencia creciente”.

Caso Mazatlán

En Mazatlán los recursos naturales más reconocidos por la población son la playa y el paisaje, a pesar de que contamos con una gran diversidad; dunas, arrecifes rocosos, acantilados, marismas, estuarios, agua, peces, mariscos, aves, mamíferos marinos, reptiles, selva baja, bosques en la cuenca alta, terrenos fértiles, etc.

Casi todos estos recursos han sufrido impactos derivados de las formas cómo los hemos utilizado a lo largo del tiempo, por ejemplo:

  • Las playas, dunas, marismas, selvas y bosques han sufrido reducciones en su superficie.
  • Las poblaciones de peces, tortugas, venados, reptiles y otros mamíferos pequeños han disminuido.
  • Se ha deteriorado la calidad los arroyos, los acuíferos, y los cuerpos de agua.
  • Un caso preocupante son los problemas de erosión en playas, donde Guasave y Mazatlán encabezan a los municipios costeros sinaloenses.
costa de Mazatlán
Islas Venados (izquierda) y Pájaros (derecha), Mazatlán, Sinaloa. Foto: Raquel Zapien/Son Playas.

Costa y turismo

Entre las actividades económicas el turismo se ha vuelto muy importante para nuestro municipio, su éxito depende evidentemente de los recursos biológicos, hidrológicos, paisajísticos, atmosféricos, pero también de los recursos culturales. Por lo tanto, del USO SOSTENIBLE de estos recursos depende la CONTINUIDAD y PROSPERIDAD de las actividades turísticas.

Para aspirar al uso sostenible de los recursos de la zona costera, que dan soporte a las actividades turísticas, “es necesario calibrar de forma precisa las distintas alternativas turísticas; la gestión de los recursos naturales se debe complementar con la protección y conservación del patrimonio cultural” (Barragán, 2003).

Existe un tipo de turista más exigente que destaca por el deseo de encontrar un cuadro ambiental satisfactorio, de esta forma se nos obliga a los locales a cuidar aspectos ligados al urbanismo, a la calidad del aire, a la calidad de las aguas, etc. Este visitante busca un ambiente atractivo escénicamente, con buen clima, lo más natural posible, así como consumir productos naturales locales y regionales, entre otras cosas.

Este tipo de turismo complementa su gusto por el ambiente natural con el disfrute de los RECURSOS CULTURALES de la región que se expresan, por ejemplo, en el paisaje antrópico, la gastronomía, la historia, los eventos deportivos, las fiestas, los ritos religiosos, entre otros, que forman parte del patrimonio cultural.

Costa
Malecón de Mazatlán al atardecer. Foto: Raquel Zapien/Son Playas.

Otro tipo de turista busca el ocio y recreo de fin de semana y tiene una presencia cada vez mayor en Mazatlán, pero también en comunidades rurales litorales, como Altata y Topolobampo, que reciben hordas de visitantes de Culiacán y Los Mochis en fin de semana. 

El éxito económico de este tipo de turismo ha detonado la construcción de segundas residencias, la proliferación de viajes pendulares, el aumento en el número de cuartos de hotel, y la construcción de amenidades, que respondan a la oferta y demanda, sin embargo, este éxito trae aparejado especulación en bienes raíces y gentrificación, además de impactos sobre el medio natural. De continuar esta tendencia se verá comprometida la viabilidad de los recursos costeros.

En este punto valdría la pena preguntarnos, ¿qué le conviene más a Mazatlán, el turismo masivo o el turismo sustentable?, ¿cómo podemos lograr una gestión sostenible de la costa?

La respuesta será analizada en una segunda entrega de este artículo en colaboración con Son Playas.

Foto principal: Fly/Jorge Omar Peraza


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Jaime Renán Ramírez Zavala es Doctor en Gestión y Conservación del Medio Natural por la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad Autónoma de Sinaloa; sus líneas de investigación son Gestión de Zonas Costeras y Sostenibilidad Socioecológica. Consultor en Gestión y Conservación Neotropical, A.C.