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    INAH intenta rescatar restos arqueológicos en predio aledaño a la avenida Delfín

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    • Los arqueólogos tienen permiso de explorar el área hasta el 8 de junio, necesitan ayuda urgente de topógrafos.
    • Proponen que este terreno inmerso en una de las zonas de mayor desarrollo inmobiliario se convierta en una reserva.

    Con el tiempo en contra, un grupo de arquéologos del Instituto Nacional de Antropología e Historia han intentado rescatar los restos prehispánicos que fueron encontrados este año en un predio aledaño a la avenida Delfín, en Mazatlán, luego de que la selva baja caducifolia fue removida.

    En la primera quincena de abril, el INAH solicitó la autorización del propietario del terreno para ingresar al área y explorarla. Son Playas publicó el suceso el primer día de mayo; posteriormente, el particular otorgó el permiso con vigencia del 16 de mayo al 8 de junio.

    En total, los especialistas dispusieron de 23 días para explorar, marcar los poligonales y rescatar los vestigios que se atribuyen a la cultura aztatlán, con base en el estudio de la cerámica y osamentas encontradas cerca de ese lugar en 2022, cuando se realizaba la construcción de la avenida.

    Los primeros hallazgos fueron sorprendentes.

    Con el tiempo en contra, la exploración inicia con un recorrido a pie por el camino trazado entre la superficie de tierra arenosa en la que se está convirtiendo el área. Nubes de polvo se levantan al pasar camiones cargados de restos de monte seco, así limpian y buscan prevenir incendios.

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    Vestigios de cerámica prehispánica encontrada en el predio durante el recorrido. Foto: Leda Garrido/Son Playas.

    En busca de rastros

    “Hace 2 años hicimos nuestra primera incursión en este terreno que es enorme, por lo que hemos podido calcular es de casi 200 hectáreas. Ya estudiando este lugar, tiene lógica que hayan existido aquí asentamientos prehispánicos porque los asentamientos humanos necesariamente necesitan agua”, explica Joel Santos, arqueólogo del INAH.

    “Huellas de venado”, señala Eduardo Núñez, otro arqueólogo del INHA, especialista en conservación y restauración, así como en detectar todo pequeño rastro que dé rumbo a la exploración.

    Y sí, en medio de la tierra suelta, se aprecian huellas de venado. A pesar del desmonte, ahí permanece la familia de venados cola blanca identificada y publicada en Son Playas en el mes de diciembre de 2023.

    El camino cambia de repente. Ahora la tierra se percibe más oscura y grumosa, formando incluso pequeñas lomas entre la planicie. El siguiente cambio es que aparecen elementos blancos revueltos entre la tierra.

    El ojo urbano puede pensar que son restos de poliestireno (el material de los vasos y platos desechables), pero una observación más cercana permite identificar que son innumerables restos de conchas y caracoles marinos, algunos de ellos casi enteros, ¿qué hacen en este espacio, a kilómetros de distancia del mar y la playa?

    “¡Son conchales!”, explica emocionado Joel Santos, ante la cantidad de elementos a la vista.

    En las culturas del sur de Sinaloa los conchales son la primera señal de un asentamiento humano prehispánico. Las conchas son el desecho de lo que ellos comían, mismo que terminaba siendo utilizado para elevar el terreno y prevenir inundaciones.

    “Dentro de lo malo que fue la destrucción de la vegetación en este sitio. Pues la parte buena es que nos va a permitir hacer una exploración arqueológica, que, por lo menos aquí en Mazatlán, nunca se había realizado”, evalúa el arqueólogo.

    Los hallazgos del 2022 no se consideran resultado de una exploración arqueológica sino de un rescate, el cual se realizó en un área que considera pequeñísima del asentamiento.

    “Justamente con esta exploración vamos a ver qué tan grande era. En donde estuvimos nosotros era una cosita insignificante del asentamiento prehispánico, porque no nos dio tiempo, nos tocó mucho trabajo excavar, porque las primeras capas del suelo están durísimas, te rebota el pico. Los restos arqueológicos los encontramos a veces hasta casi dos metros de profundidad”.

    La superficie es sobre todo tierra. Toda la llanura costera de Sinaloa es sedimentaria, resultado de deslave, de lo arrastrado por el río y la lluvia. Durante cientos de años genera capas de metros. Llegar a la época prehispánica en este terreno es muy difícil, pero las máquinas que quitaron la flora ya dejó las conchas a simple vista.

    “Esto nos va a permitir una investigación más profunda de esta cultura que se ha registrado en el sur de Sinaloa, pero aquí en Mazatlán la estamos encontrando con características muy peculiares y tal vez con una temporalidad más antigua”, considera ante los hallazgos previos.

    En silencio, Eduardo Núñez con ojos expertos seguía su recorrido detallado por el área. Esto le permite detectar más allá de los restos de conchas: ¡encuentra partes de cerámica! Todo ello sin hacer aún la más mínima excavación, no hay duda sobre la importancia de este asentamiento.

    También lee: Desmontan predio y encuentran más vestigios prehispánicos en Mazatlán; podrían perderse

    El agua, la base de las civilizaciones

    Para que los grupos humanos pudieran establecerse de manera sedentaria, el agua es un requerimiento indispensable. A la cultura aztatlán asentada en este espacio esa se las daba el arroyo que viene desde La Noria, baja hacia Mazatlán, la parte norte de la ciudad y llega hasta el seminario, donde precisamente recibe el nombre de Arroyo Seminario. La Avenida del  Delfín respetó el cauce y construyó un puente por encima de él.

    Su destino final era hacia la zona de la Marina, donde están los embarcaderos actualmente. Ahí desfogaba toda el agua que traía, sobre todo en época de lluvias, cuando en toda la zona a su alrededor se generaban inundaciones y daba lugar a lo que se conoce como marismas.

    Donde se combina la parte de agua dulce, que viene de los arroyos, con el mar, se genera lo que se llaman los estuarios, zonas más cercanas al agua dulce, pero que también tienen vegetación y forman parte de un ecosistema estuarino que atrae fauna. Todo un ecosistema que sirve de sustento a los grupos humanos.

    “Ahora, si ellos se aplicaron y desarrollaron la agricultura, pues digamos que queda completo un círculo donde vas a tener alimentos todo el año: los productos que produce el estuario, más los del mar, conchas, peces, y si produces agricultura, pues tienes ya toda una riqueza alimenticia que te va a garantizar la permanencia de los asentamientos”.

    La riqueza acuífera, la cercanía con la costa, también eran sinónimo de riesgo de inundaciones, por eso los asentamientos se encontraban en las zonas altas, justo en lomas como en la que en ese momento se encontraban los arqueólogos. Ahí van a enfocar sus investigaciones.

    Esta nueva loma se encuentra en un lugar diferente a donde encontraron los primeros vestigios, punto sobre el que ya pasa la avenida.

    “Como dije antes, ese fue un accidente. Ya estaba cortado porque ahí pasa el ducto que abastece de agua el norte de la ciudad. Cuando estuvieron haciendo esta avenida lo rompieron y eso produjo que la pared del corte estuviera ahí y se limpiara”.

    Al limpiarse encontraron un montón de huesos humanos. El encargado de la obra los vio y avisó a la fiscalía. Al día siguiente llegaron los arqueólogos, después de ver la noticia e identificar por las fotos que esas osamentas no eran actuales.

    “Lamentablemente en Mazatlán no tenemos esa experiencia como en otros sitios. Yo creo que es la primera vez que una obra aquí en el puerto se interrumpe por esa situación y se lleva a cabo un rescate arqueológico”, destaca.

    Antes de ello, por registros históricos se sabe de asentamientos prehispánicos en Mazatlán en la zona del Centro, por toda la zona donde está el panteón Ángela Peralta. Ese desarrollo urbano es de inicios del siglo pasado, cuando no había arqueólogos ni INAH, nada que lo regulara.

    Y actualmente, pues la mayor parte de Mazatlán es difícil determinar la presencia de elementos prehispánicos de sitios, pero es alarmante que el crecimiento urbano actual es hacia el norte y en lugares con las mismas condiciones de donde se encuentran estos conchales y elementos prehispánicos: cerca de arroyos y de la costa.

    “Las lomas están cercanas al arroyo, las palmeras están ahí por eso, los venados están ahí por eso. Porque ahí está el agua”, determina.

    No te pierdas: Cronología del sur de Sinaloa en la época prehispánica

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    Los arqueólogos durante la exploración del 16 de mayo de 2024, luego de obtener el permiso del propietario del predio para poder ingresar. Foto: Leda Garrido/Son Playas.

    Lo siguiente: la excavación del «basurero«

    Después de hacer un trabajo de inspección, lo que sigue es llevar a cabo una investigación arqueológica ya a nivel de excavación, para poder saber qué tan extendido era este asentamiento.

    “Puede ser un grupito de una cultura de 200 personas viviendo aquí, un pueblito, pero ¿qué tanto ese asentamiento se extendía hacia otros manchones, hacia otras posibles concentraciones, de asentamientos?”, señala.

    Y es que el patrón de asentamientos en Sinaloa no es como en otras culturas prehispánicas con asentamientos muy geométricos, detalla, aquí en Sinaloa todo era en torno a los arroyos y ríos, de los cuales adoptaban la forma de sus cauces.

    Ese patrón es el que como equipo han estado estudiando desde 2009 en Las Labradas; este conocimiento les permite, con solo ver la existencia de estuarios cerca de la costa, saber que ahí se puede encontrar un sitio arqueológico.

    “Aquí en Mazatlán, igual. Por ejemplo, cuando encuentran el entierro en la náutica, lo vimos en el periódico, buscamos el mapa y cómo estaba el terreno donde se levantó la escuela, era un estuario”, ejemplifica.

    Ese es el patrón de asentamientos de la región, hecho que consideran ha sido muy importante, revelador, pues es una característica de la que ahora sí pueden llamar cultura prehispánica de Mazatlán, aztatlán.

    “Todo eso es un conchero, ya comenzaron a aparecer”, refiere concentrado Eduardo Núñez.

    Esa es la primera señal, explica, si comenzaran a excavar, puede estar el centro de lo que ellos llaman basurero, porque finalmente esa concha es desecho, sirvió para alimentar, se tiró y fue utilizada para rellenos.

    “De un sitio arqueológico vas a encontrar la basura de lo que desecharon las otras culturas. Y esa basura te va a dar un abanico de elementos para interpretar varios aspectos de sistemas de vida. Como sucedería hoy si hacen arqueología en nuestra basura”, explica.

    Sin embargo, destaca, hay una gran diferencia entre ambas “basuras”.

    “Lo que me parece destacable es que todo esto era un ecosistema de estuarios donde había especies de vegetales, animales que poblaban todas estas zonas tan amplias cerca de la costa. Eso fue lo que atrajo a grupos humanos, pero no llegaron a destruirlo, como estamos haciendo ahora, se integraron al ecosistema”, valora.

    Pero a la vez este estos ecosistemas eran muy vulnerables, acepta, primero que todo ante fenómenos meteorológicos, si llegaba un ciclón destruía el ecosistema, por lo tanto, destruyen toda la vida de los estuarios, incluyendo los grupos humanos

    De esta cultura apenas conocemos muy poquito, es muy antigua, desde antes de los mexicas esta cultura existió y tuvo una civilización muy importante que encontramos en sur de Sinaloa, norte de Nayarit y que en una época posterior pobló el resto de Sinaloa y otras regiones

    Pero lo más temprano, lo más antiguo, está aquí. Muy posiblemente esta cultura se adaptó a esos ecosistemas, se desarrolló en torno a ellos, tuvo un apogeo importante cultural, pero desapareció.

    ¿Por qué desapareció?, no hay evidencias de guerras como en otras regiones, no tenemos eso, pero sí, la presencia de fenómenos que si afectaban al ecosistema destruían la vida en general y provocaron que los grupos humanos emigraran a otra parte, no los destruyeron, pero lo más probable es que decidieron ir a zonas más montañosas, con menos cercanía con el mar.

    vestigios arqueológicos en Mazatlán
    A simple vista, se observa las marcas de la maquinaria, los vestigios de conchales y cerámica prehispánica. Foto: Leda Garrido/Son Playas

    ¡Solicitan apoyo topográfico!

    Entre las conchas aparece otro tipo de restos arqueológicos, ahora de cerámica, incluso se aprecia el color y la decoración. Eduardo Núñez las recolecta para después limpiarla.

    “Aquí una de las características de este sitio que excavamos es que encontramos cerámica de muy buena calidad. La cerámica prehispánica de Sinaloa era de una calidad excelente, de las mejores en todo Mesoamérica”, determina Joel Santos.

    Y es que justamente, si no se le da importancia a la arqueología en Mazatlán es porque la gente piensa que no existe, que no hay sitios arqueológicos, que eran culturas nómadas.

    “Porque sí es importante que exista esa conciencia que se está despertando. A mí, la verdad me dio mucho gusto que después de dos años que estuvimos acá, solos, nadie nos peló, pensamos que nadie había tomado en cuenta ese sitio. Pero sí hay ciudadanos e instituciones que están al pendiente, que ya se dieron cuenta que sí hay evidencias, que las saben detectar a simple vista, que denuncian”, reconoce.

    La fecha límite para hacer recorridos es el 8 de junio, pero ese es solo el principio. Lo siguiente es llevar a cabo poligonales, para lo que necesitan el apoyo de un topógrafo.

    “Nosotros tenemos estaciones totales, equipo de punta, pero no sabemos manejarlo. Necesitamos que alguien nos patrocine a un compañero topógrafo, a él lo ponemos aquí donde estamos ahorita y rápidamente mapea esto”, señala Joel Santos.

    En ese momento, a simple vista se ven lomas, pero con la topografía, con solo ver el plano topográfico ya sabrían dónde están las elevaciones. O viéndose más modernos y casi igual de precisos ahorrando tiempo, contar con un dron.

    “Aquí ha participado con nosotros el precursor de todos esos estudios de drones y topografía. Fuimos los primeros en todo el país en aplicar drones a la arqueología en Las Labradas, con un compañero que se llama Israel Hinojosa que ahorita está haciendo su doctorado en Inglaterra”, comparte.

    Proponen que predio con restos arqueológicos se conviertan en reserva

    “Yo lo que propondría, si no hay dinero ahorita para intervenir o excavar, que se mantenga el área como reserva, para una investigación posterior. Necesitamos que nos digan aquí, qué es lo que quieren hacer. De entrada, si tienen un proyecto y quieren hacer una construcción aquí pues tienen que pagar la investigación”, informa.

    El INAH pondría el personal, vehículo y algunas herramientas especializadas, pero a la empresa le toca pagar trabajadores, herramientas, varias cosas, para que se haga el rescate.

    Lo ideal, dice, es aprovechar que no hay nada ahorita y que los proyectos están en papel, se pueden mover y conservar, hacer entender a los propietarios que se está ante una posibilidad inmejorable de hacer una investigación arqueológica ahí.

    Aclaró que cuanto a ellos, como Instituto Nacional de Antropología e Historia, en este momento no tienen ninguna confrontación con la empresa PINSA y con el señor Leovi Carranza, porque han seguido todos los protocolos.

    Pero es evidente que con la Avenida del Delfín el área se comercializó, entonces para hacerlo atractivo tienen que hacerlo visible y ahora ya se va a comenzar a cotizar

    “Entonces nosotros lo que tenemos que hacer aquí es dar vigilancia constante y, pues son situaciones que nos va a estar tocando aquí enfrentados, pero nosotros tenemos a nuestro lado la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicos”, determina.

    Esta ley les da facultad para proteger lo arqueológico sobre cualquier situación. Saber qué es lo que hay es lo que les va a permitir llegar a un acuerdo.

    “Porque tampoco estamos en contra de los desarrollos modernos, no podemos. Pero sí, ¿quieren ustedes hacer un fraccionamiento aquí, tienen que pagar un salvamento arqueológico? De preferencia, lo dejamos como un área verde, que este lugar no se toque, no se excave, nada más. Y nosotros ya sabemos que aquí es un sitio arqueológico, solamente hay que excavar cuando haya recursos”.

    Esto sucede en todo el país, asegura, incluso en la obra del tren maya que ha tenido que cambiar su ruta ante áreas arqueológicas.

    “Era momento en que Mazatlán entrar a también a esta dinámica, a descubrir que sí tenemos un pasado y que estamos en un buen momento para recuperarlo”, determina Joel Santos.

    Y siempre hay que irse hacia la parte ideal, comparte, que con los acuerdos que está llevando a cabo el dueño del terreno, como lo hizo con la avenida, este terreno también lo podría donar, tal vez a cambio de algo.

    “Y que, excavado este sitio y demás, hasta un museo podríamos tener aquí, que sería de interés para el destino natural que tiene Mazatlán, turístico, y para todos los mazatlecos que quieran conocer su pasado. Sería una zona arqueológica con un museo de sitio donde están todas las piezas que se vayan encontrando”, plantea.

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    Pedazos de cerámica. Foto: Leda Garrido/Son Playas

    El trabajo a realizar se cruzó con el proceso electoral, con el fin de sexenio. Al menos en el INAH, todos los recursos están detenidos y no les permiten salir a ninguna parte, mucho menos hay recursos para financiar excavaciones.

    “Hasta ahorita tenemos una muy buena relación, cordial con el señor Carranza y tenemos todo su apoyo. Nos manifestó mucho interés, si no se atendió en otro momento es porque ni tenía idea de este asentamiento. Esa es la realidad”, acepta.

    Tomando en cuenta las condiciones climáticas y de presupuesto, la fecha en que se podría pasar a las excavaciones, el trabajo de campo, es en noviembre; pero para ello se va a ocupar mucho apoyo y no solo de los tres niveles de gobierno sino también del sector empresarial.

    Mazatlán tiene un pasado, una historia que va más atrás de la que se dice es su fecha de fundación. Es importante la unión de todos para proceder a su rescate antes de que la “modernidad” elimine todo rastro de él.


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